PADRES RECUERDEN QUE LA BUENA EDUCACIÓN Y LA FORMACIÓN EN VALORES VIENEN DE CASA

Si bien es cierto que la actual crisis de valores, que existe en la sociedad, obliga a establecer reformas educativas que paleen la decadencia social que se vive; de nada valdrán estos esfuerzos para mejorar la calidad educativa, si no existe una preocupación por parte de los padres en educar correctamente a sus hijos.

El principal problema es que los padres han delegado su deber de primeros educadores a terceros, y ahora esto está pasando factura con altos costos sociales, morales, afectivos y emocionales. Existe una incapacidad por parte de los padres para formar personas honorables, pues están muy ocupados en sus asuntos de “adultos” y culpando  de los males de sus hijos a esos mismos terceros: Estado, colegio, amigos, bandidos del barrio, videojuegos, internet, televisión, o incluso, otros miembros de la familia.
La conducta de un niño en la escuela se ve influenciada por diversos factores; pero el principal es la familia pues esta cumple un rol fundamental en la conducta del niño. Si al niño se le brinda un ambiente familiar tenso y conflictivo provocará que este reaccione con violencia (verbal o física), y si por el contrario se le brinda una ambiente pacífico y reflexivo generará que el niño adopte conductas respetuosas y equilibradas.
Así mismo, son los padres los principales responsables de  trasmitir valores concretos con el ejemplo: “se trata de vivir lo que queremos que nuestros hijos aprendan. No sirve de nada, por ejemplo,  pedirles que sean sinceros si nosotros mentimos abiertamente frente a ellos cuando no tenemos excusa por nuestro comportamiento. Debemos ser coherentes entre lo que somos y lo que queremos que ellos sean”. La educación empieza por casa.
A continuación compartimos el artículo del portal informativo ABC (España) en donde Carlota Fominaya nos cuenta en su artículo sobre la tarea que tiene los padres con la educación de sus hijos, la buena educación y la inculcación de los valores.
Esperamos que la siguiente publicación sea de utilidad para la comunidad docente y para los padres de familia.
Los valores los inculcan los padres, no la escuela
Los profesores tienen una función importantísima en este aspecto, pero es el ejemplo de la familia el que cala de verdad en los hijos.
El amor incondicional, la bondad, el afecto, la honestidad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia… son valores necesarios para realizarnos correctamente, para crecer y ser felices. Las personas adultas deberíamos saber transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Pero ¿por dónde empezar su enseñanza y aprendizaje? Lo principal es que todos los expertos consultados señalan a la familia como el lugar principal donde se descubren los valores. Pero ¿están las familias preparadas para este reto?

Coherencia en el testimonio
En este aspecto de la educación, los padres han de ser conscientes de que su manera de ser y de hacer familia será crítica. Para la escritora Victoria Cardona, «los padres deben saber que en la primera infancia los niños imitan todo, por lo que es muy importante ser coherentes a la hora de dar testimonio. Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres». Coincide con ella Ramón Olegario, profesor de pedagogía terapéutica del IES nº 1 de Riberia (La Coruña), para quien la educación en valores debe empezar en casa, y cuanto antes. «Si un niño ha tenido una buena base afectiva, una base armónica, ese niño tiene mucho ganado. De hecho, la escuela tiene una función importantísima en este aspecto, pero los profesores somos sólo los subsidiarios de dicha educación en valores».
La familia, prosigue Cardona, «es núcleo de la sociedad donde se educan por contagio a todos los que la integran. Pero cada familia tiene su estilo y debe estudiar qué valores quiere transmitir». Ahí es donde Javier Borrego, profesor de Ética y Antropología de la Universidad CEU San Pablo hace hincapié en lo siguiente: «Los valores por sí solos no son nada. Sólo tienen su sentido cuando están ordenados y podemos señalar un valor central».
Distintas jerarquías
De ahí que Borrego proponga que cada familia se plantee qué ideal es el que le mueve. Porque, prosigue este docente, no todas las jerarquías de valores son iguales. «Puede haber familias que entiendan que lo mejor es colmar todos los deseos de los niños, y entonces los niños crecen sin enfrentarse a los problemas y disfrutando de la vida… pero a la larga será perjudicial. Pero puede haber otras familias que su ideal sea la unidad y la comunicación. Entonces se acostumbrarán a no tenerlo todo inmediatamente, a compartir. Los niños de estas familias crecerán más felices. Es así de sencillo».
De esta forma, mientras que para este profesor la educación en valores debe empezar por la enseñanza de ciertos criterios éticos y estéticos, para el profesor de pedagogía terapéutica del IES Nº 1 de Ribeira (La Coruña), hoy por hoy lo principal sería «educar en el respeto al prójimo, llevado a todos los niveles». «Yo diría que todos son importantes», apunta por su parte Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Autora del libro «Qué hay que enseñar a nuestros hijos», Camps concluye que «el buen humor, la generosidad, la autoestima… son conceptos encadenados que se van complementado, y cuyo conjunto explica qué es eso de la felicidad».

Objetivo, una libertad responsable (Por Victoria Cardona)
Siempre conviene pensar en valores que ayuden a los niños y los jóvenes a alcanzar una libertad responsable. Les dejo unas conclusiones en forma de pinceladas para la reflexión personal. Un valor es intangible, pero es algo que atrae y que, en los padres, tiene su fundamento en la mejora personal. Se trata de demostrar con obras la fuerza interior que tiene cada madre o padre, para mantener una actitud positiva y enfrentarse a su día a día con ánimo renovado, con objeto de acompañar a los hijos en su proceso educativo. Los valores de la convivencia son fundamentales para educar en casa. Valgan unos ejemplos: dar las gracias amablemente por un favor recibido; valorar una tarea bien hecha; corregir con paciencia la realización de un encargo que podía haberse llevado a cabo con más pulcritud; pasar por alto el mal humor de un adolescente; reconocer que hemos perdido los modales y nos hemos enfadado y saber decir: «Perdona, he hecho mal», con humildad. Así, podemos ayudar a nuestros hijos a descubrir los valores del agradecimiento, de la serenidad y del perdón, mucho más que con mil y un discursos sabiamente elaborados y explicados. El valor que brilla y que necesitan hoy más que ningún otro es nuestro afecto y cariño. Con afecto los padres tendrán un ascendente que les facilitará el ejercicio de la autoridad. Una autoridad que deberá concretarse en los horarios del tiempo de estudio, de la red o de las actividades extraescolares. El esfuerzo que tienen que hacer niños y adolescentes para obedecer es un valor que les ayudará toda la vida. Demos importancia al testimonio personal. Aunque hablamos de transmitir valores, es mejor que los descubran en la vida de los padres. En definitiva, conviene que sepan interiorizar los valores que han observado en su familia y, actuando con libertad, tengan sus propios criterios y lleguen a ser felices.
Especialista en orientación familiar y autora de «¿Quién educa a mi hijo?»
Principios que se dan en casa (Por Fernando Vidal Fernández)

El amor incondicional. Es la experiencia más básica de la familia. Saberse y sentirse querido por uno mismo, confianza de ser amado incluso cuando se falla. La incondicionalidad y la tolerancia son una ley básica de la humanización; pese a todo, hay perdón.
Gratutidad. Es un valor progresivamente olvidado en la sociedad, pero que en la familia mana a raudales. De hecho, es su nota principal. El caudal de la gratuidad es lo que hace funcionar una sociedad, sin ella se hace inviable y se colapsa.
Responsabilidad. Las personas se constituyen en ellas mismas porque se responsabilizan de las otras. Esta es una experiencia fundamental en la infancia. Uno se forma como persona en proporción a cómo se responsabiliza de los demás y del mundo.
Discernimiento. La familia nos enseña a distinguir las cosas, a llamar las cosas por su nombre, a conocer el bien, la verdad y la belleza. Nos enseña a hablar el lenguaje de la realidad, a distinguir los signos de sus mensajes.
Trascendencia. Gracias a la familia sabemos que las cosas van más allá de nosotros, aquí y ahora. Lo aprendemos al pensar en antepasados y en generaciones venideras. Formamos parte de una historia que nos trasciende.
Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, doctor en Sociología, y director del Instituto Universitario de la Familia

Y los enemigos que nos hacen perder las referencias (Por F. V. F.)

La superficialidad. La vida acomodada que nos facilita el sistema puede hacer que perdamos el verdadero valor de las cosas. Se extiende por doquier la superficialidad y eso crea condiciones para la aparición de la tiranía.
La pereza. ¡Es tan fácil reducir lo complejo a lo simple, lo profundo a lo superficial, el valor a la moda! Tener valores es también una conquista que requiere esfuerzo, búsqueda y maduración, cultivarse, a veces vencer las propias inclinaciones, superar muchas modas y tendencias de la sociedad. Y eso es todo un trabajo.
Ensimismamiento. Quien vive centrado en sí mismo es incapaz de distinguir los valores de lo humano. Los valores no se logran por uno mismo, son siempre un don compartido con los demás.
Autoengaño. Este es nuestro gran mal hoy en día. Para poder identificar valores tienes que militar en la atención, tienes que practicar un examen sincero y detallado de tu vida.

Este contenido ha sido publicado originalmente por ABC (España) en la siguiente dirección: abc.es
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¿SI EL ALUMNO NO RINDE EN EL AÑO ESCOLAR, LA REPITENCIA ES LA MEJOR OPCIÓN?

Dependiendo de cada estudiante, repetir curso puede ser adecuado o resultar contraproducente. A la hora de tomar esta decisión es importante analizar la personalidad del niño y las causas de la recomendación de repetir curso. En función del origen de los suspensos, serán muy diferentes las soluciones adecuadas en cada caso.

Decidir si un hijo debe o no repetir curso es difícil y es una decisión cargada de emociones por ambas partes, por lo que debemos recoger informaciones de diversos puntos: el tutor y el pedagogo del colegio, un centro independiente especializado en el que se le haga un estudio pormenorizado, la opinión personal del niño y la nuestra propia.
En esta oportunidad compartimos con la comunidad docentes y de padres de familia con fines educativos y pastorales un artículo del portal EMOL en donde recomiendan y explican algunas estrategias en caso debemos enfrentar esta difícil situación con nuestros hijos sobre repetir el año escolar. Del mismo modo también compartimos del portal UNDERSTOOD un cuadro comparativo de las ventajas y desventajas de repetir.
¿Tu hijo repitió de curso? Conoce algunas estrategias para enfrentar esta difícil situación (EMOL)
Un psicopedagogo afirma que hay que dejar de ver la repitencia como algo negativo que hay que castigar y recalca que en este tema los profesores tienen una gran responsabilidad.
Llegar a fin de año y asumir que un hijo no pasó de curso debe ser una situación complicada para cualquier padre. Sobre todo porque a nivel social la repitencia se ve como algo negativo, que sólo le pasa a los alumnos flojos y que se han farreado los estudios durante todo el año. Pero eso no siempre es así.
A juicio de Luis Pincheira, psicopedagogo de Clínica Santa María, el tema de la repitencia escolar no puede hablarse en términos genéricos, ya que cada caso es único e incluso en ocasiones volver a hacer un curso es aconsejable para ciertos estudiantes. Un ejemplo son los niños o adolescentes que presentan cierto grado de inmadurez, y que luego de ser evaluados por profesores y especialistas, se determina que no es recomendable promoverlo de curso.
“En ese caso a veces la familia se resiste porque la repitencia se ve como algo punitivo, que se va a perder el año (…) Yo creo que no hay que verlo desde ese punto de vista”, sostiene el psicopedagogo.
También está el caso en que un alumno pasa el año con promedios mínimos, debido a que -según Pincheira- su profesor hizo vista gorda al problema y en el curso superior deberá enfrentar más exigencias que, obviamente, no podrá aguantar. “Ahí el niño evidentemente que va a fracasar porque el colegio, el profesor o la educadora no hizo un proceso profesional para analizar el caso y haber dicho: ‘Este niño tiene promedios mínimos y vamos a sugerir a los padres la repitencia’”, señala el especialista.
El psicopedagogo considera que situaciones como la anterior ocurren porque actualmente la repitencia escolar es un tema grave, que por un lado para los colegios subvencionados significa una vacante y una ayuda menos, y por otro implica justificar ante el Ministerio de Educación y las autoridades el por qué un alumno no fue pasado de curso. “Entonces, en muchos casos los niños son promovidos con promedios mínimos”, afirma.

Y también existe el clásico caso en que un niño o adolescente está desmotivado, no quiere estudiar, “y evidentemente el sistema le pasa la cuenta y debe repetir”.
Cualquiera sea el caso, Luis Pincheira asegura que en el tema de la repitencia los profesionales de la educación también deben hacerse responsables y tienen que dejar de echarle siempre la culpa a los alumnos. “Yo siempre he dicho: nosotros los profesores somos los culpables a veces cuando un niño repite, porque somos los técnicos, y los que debiéramos dar las luces adecuadas y las orientaciones correctas en el tiempo correcto”, enfatiza.
Por esta razón, el psicopedagogo entrega algunas estrategias para que los padres que tienen a algún hijo repitiendo, enfrenten de mejor manera la difícil situación. Aquí están:

El colegio y los profesores deben valorar más a la persona (alumno) y no tanto a los conocimientos. “Yo creo que hoy día nos estamos pasando de la raya de trabajar con los niños desde un punto de vista de los números, elitista, de trabajar con los cuadros de honor y al resto no se le toma en cuenta”, sostiene Luis Pincheira.
El colegio tiene que hacer un análisis profundo antes de hacer una propuesta de repitencia. “En algunos colegios yo creo que se hace eso responsablemente y en otros colegios yo creo que no se hace. Y eso es muy doloroso, porque no se trabaja técnicamente antes de tomar la decisión”, afirma el psicopedagogo, y agrega que el recinto educacional tiene que orientar a los apoderados. “Cuando eso no se hace, y se utiliza la espada de Damocles y se culpa al niño o al adolescente, no es justo”, afirma.
Los padres no deben ver la repitencia como algo negativo y pensar que hay que castigarla. “Puede haber muchas variables dentro de la emocionalidad de los jóvenes o de los niños, y uno no sabe qué pasa con ellos”, señala el especialista. Por esta razón, descarta que el castigo sea el camino correcto.
El colegio debe plantear a la familia del repitente un reforzamiento pedagógico y psicopedagógico según amerite el caso. En este sentido, Luis Pincheira es enfático en afirmar que es el establecimiento educacional el que tiene que idear una forma de solucionar el asunto y no son los padres los que deben buscar ayuda profesional por fuera.
Dependiendo del caso, el alumno repitente debe recibir apoyo de especialistas (psicólogos, psicopedagogos, profesor diferencial, etc.). “Si el niño está en una etapa de rebeldía, sobre todo los adolescentes, y eso le produce desmotivación en el colegio, evidentemente que ese alumno repitente tiene que tener una terapia psicológica para recuperar su autoestima para que después vuelva a su colegio (…) Y si el colegio ya no lo recibe, prepararlo para el desafío de un nuevo colegio”, plantea el psicopedagogo. Asimismo, añade que durante las vacaciones es importante que el niño o adolescente que repitió refuerce algunos contenidos y retome el entusiasmo por el aprendizaje.
Considerar un eventual cambio de colegio si es que el nivel de exigencia del establecimiento en que se encuentra no es acorde a las capacidades del niño. “Muchos niños a veces se encuentran en colegios porque los padres fueron ex alumnos y ese niño o esa niña no tiene las capacidades para rendir en ese colegio de acuerdo a las exigencias”, afirma Luis Pincheira. En el caso de los colegios bilingües, el especialista recomienda primero privilegiar la lengua materna. “Hay muchos alumnos hoy día que están en colegios que no les corresponden de acuerdo a las exigencias y por eso que se producen estas repitencias”, asegura.
Cuando hay una repitencia, todos los actores (padres, profesores, etc.) deben hacer una evaluación conjunta del caso y desde ahí construir algo positivo sin pensar en lo negativo. “Yo creo que hay que ir despejando esa visión que hoy día existe a nivel de colegio de que el niño que repite es un fracaso. Un niño que repite puede que haya fracasado en ciertas asignaturas y no le dio el promedio de acuerdo a la ley, pero no significa que no haya aprendido”, concluye el psicopedagogo.

Este contenido ha sido publicado originalmente por EMOL en la siguiente dirección: emol.com
Repetir un grado: ventajas y desventajas (UNDERSTOOD)
¿La escuela sugirió que su hijo repita el año? Existen varias cosas a considerar cuando se habla de retener a un estudiante (o que no avance de grado). Revise las ventajas y desventajas.

Ventajas de repetir un grado
Desventajas de repetir un grado

Los niños que han perdido muchos días de escuela debido a una enfermedad, un trauma emocional o una mudanza podrían beneficiarse de repetir el año.
Un niño que se ha ausentado a menudo tiene más riesgo de abandonar la escuela. Repetir el año aumenta ese riesgo.

Los niños que son mucho más jóvenes que sus compañeros de grado y tienen una historia de dificultades académicas podrían beneficiarse de repetir el año. Podría ser favorable desde el punto de vista emocional y de edad.
Los niños que son los mayores de su clase tendrían casi dos años más que el resto de sus compañeros.

Para los niños que son inmaduros en lo que respecta a su desarrollo (ya sea físico o emocional), repetir el año podría reducir el estrés de tratar de “estar al mismo nivel” que sus compañeros.
Para los niños que son altos para su edad, repetir el año puede significar que sobresalgan en comparación a sus compañeros.

Los niños que están muy atrasados y tienen pocas probabilidades de nivelarse el próximo año podrían beneficiarse. Sin embargo, igualmente necesitarán apoyos que los ayuden a dominar las habilidades que no tienen.
A los niños que se les enseñarán las mismas habilidades de la misma manera sin implementar ningún apoyo distinto, por lo general no se benefician de repetir el grado. Y los chicos que no avanzan de grado tienden a perder los progresos que hicieron en un lapso de dos o tres años después de repetir el año.

Los niños que tienen problemas de comportamiento o estrés que esté claramente relacionado con las exigencias escolares podrían beneficiarse de repetir el año.
Los chicos que tienen problemas de conducta o estrés relacionado con el ambiente del salón de clases no se suelen beneficiar de permanecer en la misma clase durante otro año.

Los niños que dicen que los ayudará quedarse en el mismo grado otro año son candidatos para repetir el grado.
Los niños que se oponen vigorosamente a repetir el grado probablemente encuentren maneras de que no funcione.

Este contenido ha sido publicado originalmente por UNDERSTOOD en la siguiente dirección: understood.org
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LOS NIÑOS BIEN EDUCADOS EN CASA SE PORTAN BIEN EN LA ESCUELA

Los niños y los adolescentes de hoy en día son más maleducados que nunca. Parece que las familias no cumplen su función de educar. Aunque a lo mejor no es algo tan nuevo, porque creo que esto siempre ha pasado, mis abuelos también creían que los jóvenes no tenían (buena) educación; también lo creyeron mis padres y lo piensan actualmente muchos ciudadanos mayores de 40 años.

Ir a comer con los niños a un restaurante, por poner un ejemplo, puede ser más estresante para los padres que aprobar unas oposiciones para notario. Los camareros, el resto de clientes, padres y madres sentados en otras mesas les evalúan, examinan si sus hijos están (bien) educados o no. [Eva Bailén] Se aprende en la escuela y se educa en casa.
A continuación compartimos con fines educativos – pastorales la publicación del blog Familias Latinas en donde Jimena Isaza escribió un artículo de ayuda para los padres de familia para desarrollar un plan que les permita estructurar claramente cuáles son las expectativas y cuáles son los límites que deberán establecer para poder ayudar a criar a sus hijos de forma adecuada  y esto se vea reflejado en cualquier ámbito.
La Disciplina en el Hogar: Una tarea de todos
Para tener una vida de familia agradable y que nuestros hijos se comporten de manera adecuada es fundamental que establezcamos límites y reglas de comportamiento.
Para esto, debemos adoptar una actitud de maestro y entrenador de nuestros hijos, y transmitirles a través del amor y la disciplina los parámetros de comportamiento deseados. Usted y su pareja son los principales educadores de los hijos y para esto, el primer paso es ponerse de acuerdo en cuáles son los valores y creencias que quieren transmitir, y diferenciar entre lo que es aceptable o no para la familia.
Para poder lograr una comunicación eficaz entre padres e hijos, debemos desarrollar un plan que nos permita estructurar claramente cuáles son nuestras expectativas y cuáles son los límites que vamos a establecer. Al principio los niños tienden a resistir el cambio pero una vez vean que usted como papá o mamá está siendo consecuente con lo que cree y dice, los niños se dan rápidamente cuenta que esas son las reglas y se adaptan ágilmente. La clave es que como padres tengamos muy claro lo que creemos y decimos, y mantenernos firmes con las consecuencias.
Para esto es importante seguir los siguientes pasos:
1.Desarrollar un Plan
La base de la disciplina con los hijos es una buena comunicación. Esta se logra a través de ser muy claro cuando les explicamos a los niños nuestras expectativas de comportamiento en la casa y el colegio, teniendo en cuenta que ellos entendieron lo que estamos diciendo. Para que esto suceda de forma exitosa, es primordial que la pareja y las personas involucradas en la educación de los hijos se sienten con papel y lápiz, y escriban cuáles son las reglas de la casa, lo que esperan de los niños y cuáles son las consecuencias por no cumplirlas. Es importante que los padres las escriban, porque generalmente cada uno de nosotros tiene distintas expectativas y formas de disciplinar a los niños.

Tenga muy claro que el niño entiende y sabe cuáles son las conductas que no se aceptan en casa.
De forma clara y concisa explíquele al niño cuál es la consecuencia y los pasos a seguir si el mal comportamiento continúa.
Enséñele a su hijo cuál es el comportamiento adecuado que usted espera cuando se comporta de forma incorrecta.  Y explíquele el POR QUÉ de no comportarse así.

2.Manejo de las rabietas o pataletas
Si su hijo o hija le dan rabietas constantemente, es necesario que el pediatra lo revise para descartar cualquier razón médica de este comportamiento. Si no hay ninguna explicación médica, debemos establecer cuál es la razón que motiva al niño a tener las pataletas.
Las preguntas que debemos hacernos son las siguientes:

¿Está el niño tratando de llamar su atención positiva o negativa?
¿Le dan pataletas cuando quiere evadir alguna situación? Por ejemplo cuando no quiere quedarse sentado en la mesa con la familia a la hora de la cena.
¿Llora para pedir comida, un objeto o algo especial?
¿Le dan más pataletas cuando está en casa o en el parque?

Child being Scolded
Una vez que hayamos determinado cuál es la razón detrás de la pataleta, es importante que su hijo NO OBTENGA LO QUE QUIERE cuando hace una rabieta. No le dé su atención, ni el jugo, ni el juguete, ni lo que lo esté motivando para comportarse así.
Lo más difícil para los padres de hoy es tener que tomar medidas extremas durante una pataleta, pero es la única solución para cambiar este comportamiento. Cuando su niño esté llorando y con una rabieta, debe dejarlo en un lugar seguro pero que usted lo pueda ver y vigilar de lejos. Si se encuentra en un lugar público, llévelo al carro o a una esquina y déjelo llorar mientras usted lo vigila, no se angustie por las miradas de otros. Todos hemos pasado por la misma situación. Luego debe ignorarlo hasta que se le pase la rabieta. No lo mire, no le hable, no le ponga atención. Dejarlo en su cuarto cuando tiene una rabieta no es recomendable, ya que empieza a asociar el lugar de juego y descanso con la rabieta. Esto tomará varios días, hasta que el niño se da cuenta que no recibe su atención cuando le da una pataleta.
El siguiente paso es enseñarle al niño cuál es la manera correcta de pedir las cosas. Necesita aprender el comportamiento opuesto a lo que está haciendo para poder cambiar,  y para eso los padres deben enseñárselo. También es importante que los niños sepan cómo decirnos que se encuentran frustrados y necesitan ayuda.
3.El castigo constructivo
La disciplina positiva y los límites les enseñan a los niños a pensar antes de tomar la decisión de portarse mal.  De ahí, la importancia de los padres cuando ponen limites y reglas a los hijos. El castigo consiste en quitarle al niño ciertos privilegios, no en pegarle o maltratarlo física o emocionalmente.
Es importante que los padres decidan cuáles privilegios no recibirá el niño si comete una falta, para que así haya coherencia entre ellos. También es necesario entender cuál es la razón por la que el niño no se está comportando. Por ejemplo, ¿qué motiva a su hijo portarse así? ¿Será que necesita más atención? ¿Quiere un juguete? ¿Quiere solamente un abrazo? ¿Quiere estar solo? ¿No quiere comer en ese momento? ¿Se quiere ir a dormir?
Los padres tienen que entender que el castigo funciona cuando se utiliza solamente de vez en cuando, y no todos los días, ya que así pierde validez. También hay que enseñarle al niño al menos dos comportamientos deseables para reemplazar el que no nos gusta. Cuando el niño se rehúsa a hacer algo, como por ejemplo vestirse, y tiene que hacerlo; el padre o madre puede ayudar a vestir al niño con una caricia, manteniendo la calma. No debemos hablar, ni discutir, ni regañar, y menos entrar a debatir por qué se tiene que vestir. El mensaje que se le está mandando al niño, es que él tiene que vestirse y no hay más opciones.
4.Establecer limites y reglas
La tarea más  importante de los padres es aprender a poner límites, lo cual le enseña a los niños a tomar la decisión correcta sabiendo que hay una consecuencia negativa o positiva de acuerdo a su comportamiento.Esto le enseña al niño a que su conducta tiene una consecuencia y que el niño tiene el poder de obtenerla o no. Es necesario recordar los siguientes puntos cuando establecemos límites con nuestros hijos:
El Amor: Toda la disciplina, los limites y las reglas deben establecerse con amor.
El Respeto: Debemos respetar a nuestros hijos y demostrárselo a través de nuestro comportamiento. Así ellos aprenden a respetar a los padres y a sí mismos.
Un Modelo de Comportamiento Positivo: Parte de nuestra responsabilidad como padres es ser un modelo positivo de cómo se hacen las cosas. Así les enseñamos a los niños cómo tratar a los demás con cortesía y respeto.
La enseñanza. Debemos enseñarle a nuestros hijos dos  o tres comportamientos positivos que reemplacen un comportamiento que no queremos que tengan. No se trata solamente de castigar la conducta no deseada, sino enseñarles cómo se deben hacer las cosas y qué esperamos de ellos.
Ser Consistente. Cuando se establecen reglas en el hogar deben hacerse cumplir desde el primer día, y aplicar la consecuencia en el instante. Los niños aprecian y necesitan estructura, reglas claras y consecuencias de sus actos. Esto debe hacerse en un ambiente de amor y respeto. Cuando actuamos de esta manera, les transmitimos a los hijos seguridad y tranquilidad. La consistencia de respaldar nuestras palabras con acciones (quitar o dar privilegios) tiene un efecto positivo para que nuestros hijos se porten bien.
Recuerde que la educación y la disciplina requieren un aprendizaje constante por parte de padres e hijos y que toda disciplina debe ser basada en el amor y el respeto  para que obtengamos resultados positivos.
Si usted como padre ha puesto en práctica estas sugerencias y no ha obtenido resultados positivos, no dude en buscar ayuda profesional y  utilizar los recursos que existen en su comunidad.
Este contenido ha sido publicado originalmente por Familias Latinas en la siguiente dirección: familiaslatinas.com
Notas relacionadas con la educación en casa:

La familia es escuela de humanidad, es la primera escuela para todos. Los valores que se deben trabajar en casa, dando click aquí.
Educar tanto la cabeza como el corazón, lo académico y lo emocional y cómo evitar ser infectado por la energía negativa, dando click acá.
Qué se debe aprender en casa y qué en la escuela, dando click de este lado.

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¿CÓMO FOMENTAR UNA AUTOESTIMA ADECUADA EN EL NIÑO?

La autoestima infantil está estrechamente ligada con su felicidad y tener una autoestima adecuada es vital para la vida y el desarrollo infantil.
Así lo demuestra la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría al afirmar que los pequeños que tienen una autoestima adecuada poseen más amigos y se llevan mejor con ellos, se sienten más seguros de sí mismos y confían más en sus decisiones, a la vez que son capaces de discernir lo que hacen bien o mal. También se ha apreciado que una autoestima infantil adecuada estimula el desarrollo de diferentes habilidades cognitivas en los niños, mejora su empatía, potencia la asertividad y mejora su aprendizaje.

Sin embargo, la autoestima adecuada no se desarrolla al azar. La autoestima se va forjando con el paso del tiempo y está determinada por la percepción que los padres y el resto de las personas tienen del niño. Por tanto, si queréis que vuestro hijo desarrolle una autoestima sana, debéis transmitirle una percepción positiva de sí, haciéndole saber que le valoras.
¿Cómo fomentar una autoestima adecuada en el niño?
1. Destaca su esfuerzo y logros
Tan importante como celebrar los logros del niño, es destacar su esfuerzo, empeño y nivel de compromiso. De esta manera no os centraréis simplemente en el logro y los resultados alcanzados sino en el camino recorrido, que en muchos casos es más importante. Por eso, aunque el resultado no sea perfecto, destaca el esfuerzo.
2. Dale libertad
No intentéis educar a vuestro hijo dentro de una burbuja, sobreprotegiéndolo y limitando su libertad de acción. Este estilo educativo no solo restringirá las posibilidades de vivir nuevas experiencias que le permitan desarrollarse sino que también afectará su autoestima y la confianza en sí mismo. Si siempre resuelves sus problemas y tomas las decisiones por él, jamás podrá ponerse a la prueba y saber hasta dónde puede llegar por sí solo.
3. Préstale la atención que necesita
Dedicarle tiempo a los niños no solo es un acto de cariño sino también una responsabilidad. Cuando los padres pasan tiempo de calidad con su hijo aprenden a conocerlo y a conectar con el pequeño, creando un vínculo emocional que será la base de su autoestima. Así el niño comprenderá que estaréis a su lado siempre que lo necesite.

4. Evita etiquetarlo
Para desarrollar una autoestima adecuada en el niño, es conveniente evitar las etiquetas. De hecho, adjetivos como “torpe” y “vago” son tan negativos como “artista” o “genio” ya que todos, de una forma u otra, limitan al niño dentro de una etiqueta que, a la larga, será un peso enorme en su vida.
5. Dale responsabilidades
Una manera para estimular la autoestima del niño y hacerlo sentir más independiente y autosuficiente consiste en permitir que forme parte de algunas de las tareas y decisiones del hogar. De esta manera estaréis fortaleciendo su autoconfianza y seguridad. Comienza por cosas pequeñas, pidiéndole que te ayude a secar los platos o a poner la mesa y poco a poco ve dándole más participación y preguntándole su opinión en diferentes temas de la familia.
6. Quiérelo incondicionalmente
Es importante que el niño no solo se sienta protegido y seguro sino que también se sienta amado. El cariño es la mejor manera para ayudarle a desarrollar y fortalecer su autoestima y la confianza en sí mismo. Los besos, los abrazos y los mimos son válidos pero también debéis demostrarle que lo quieres incondicionalmente con hechos y actitudes. Hacedle saber que aunque se equivoque, estaréis a su lado para apoyarle.
7. Evita compararle
Comparar a vuestro hijo con sus amigos u otros niños no es una buena idea. Si la comparación es negativa estaréis dañando profundamente su autoestima y si es positiva le añadiréis una presión innecesaria que muchos niños no son capaces de sobrellevar. Por eso, es mejor evitar las comparaciones, destacad simplemente sus cualidades positivas y cuando tengáis que hacer una crítica, aseguraos de que sea constructiva.
Este contenido ha sido publicado originalmente por Etapa Infantil en la siguiente dirección: etapainfantil.com
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5 RECOMENDACIONES PARA CRIAR A SUS HIJOS CONSCIENTES SEGÚN PSICÓLOGOS DE HARVARD

¿Qué es más importante: que tus hijos se saquen buenas notas o que sean buenos compañeros? ¿Te interesa más que sean felices o que ayuden a ser felices a los demás?
Según un estudio realizado por el proyecto Making Caring Common –grupo que entrega recursos para enseñar a los niños a desarrollar la empatía-, un 80% de los menores de edad encuestados dijo que a sus padres les importaba más que ellos lograran sus propias metas y felicidad antes de desarrollar solidaridad con el prójimo.

Pero Richard Weissbourd –psicólogo infantil de Harvard y quien dirige el proyecto en conjunto con los graduados de la Escuela de Educación de esta universidad- quiere cambiar esto. “Los niños no nacen buenos ni malos y nunca debemos rendirnos con ellos”, señalan en el estudio. “Ellos necesitan que los adultos los ayuden a convertirse en personas preocupadas, respetuosas y responsables para sus comunidades, en todas las etapas de su infancia”. “Hay padres que prácticamente les dicen a sus hijos que logren sus metas, que entren a una buena universidad y que hagan un montón de dinero, y solo entonces, que se preocupen ayudar al resto, como si se pudiera ahí prender el switch de los valores. Y esa manera de comprender el desarrollo de los valores no tiene sentido; se tienen que cultivar en los niños día tras día”, ha dicho el Weissbourd. (Psicólogo de Harvard da 5 consejos para criar buenos hijos).
A continuación compartimos con fines educativos – pastorales la publicación del Blog El Librero de Gutenberg, esperamos que la siguiente publicación sea de utilidad.
AQUÍ ESTÁN 5 SECRETOS PARA CRIAR A UN BUEN CHICO, DE ACUERDO CON PSICÓLOGOS DE HARVARD:
1. PASE TIEMPO CON SUS HIJOS.
Es una sugerencia simple. Pero, estamos viviendo tiempos difíciles en los que pasamos 24 horas al día, 7 días a la semana con tecnología, trabajo, y el continuo bombardeo de nuestras vidas ocupadas que tratan de mantenerse a flote. No sólo son los medios de comunicación social – las noticias, los mensajes de correo electrónico, los mensajes entre móviles, o la fluctuación de estar de guardia en todo momento por las tensiones de nuestras relaciones. Nos hemos acostumbrado a la adicción de poner todo de nosotros en la tecnología. Es más fácil dar a un niño un tablet o una consola Xbox para mantenerlos ocupados.
Pasar tiempo con sus hijos significa dejar todo a un lado y leer un libro, jugar con la pelota, ir de excursión, o simplemente jugar a un juego de cartas pasado de moda. En términos más simples, significa que usted debe interactuar con su niño persona-a-persona. Estas son las cosas que recordarán. Se olvidarán de lo que le compró. Sólo quieren pasar tiempo de calidad con su gente.

2. HABLE EN VOZ ALTA A SUS HIJOS.
Según los investigadores de Harvard: “aunque la mayoría de los padres y cuidadores dicen que sus hijos son una prioridad, a menudo los niños no están escuchando ese mensaje“.
Esto significa que tiene que dedicar tiempo para averiguar qué está pasando en la vida de su hijo. Consulte con los maestros, entrenadores, tutores y otros cuidadores. Averigüe si hay un cambio en el comportamiento. Permita que su hijo se sienta cómodo para venir y hablar con usted. Su hijo necesita oír que él/ella es la prioridad en su vida. No es suficiente mostrarlo dándoles cosas, manteniéndolos a salvo o alimentándolos. Los niños necesitan reconocimiento mediante palabras. Las palabras son importantes. Invítelos a sentarse y compartir sus historias sobre la escuela, sus tareas, los amigos, etc.
3. MUESTRE A SU HIJO(A) CÓMO RESOLVER PROBLEMAS SIN ENFATIZAR EL RESULTADO.
Uno de los regalos más grandes que usted puede dar a su niño es la capacidad de analizar y solucionar problemas. Confíe en su hijo para decidir por sí mismo lo que quiere. Usted no puede resolver sus problemas todo el tiempo. Es saludable permitirles experimentar la vida a través de sus propias perspectivas. El logro es importante y, al permitirles determinar lo que quieren, estará dándoles conciencia.
Deseará ayudar a que su hijo se convierta en un adulto productivo. Permítale que venga a usted y comparta sus problemas y guíelos para que hagan las mejores elecciones posibles. Como padre es difícil dar un paso atrás y ver a su hijo cometer un error. Pero al igual que le sucedió a usted, es parte del aprendizaje y parte de la evolución de nuestra humanidad. Quiere que sean felices por lo que han hecho, y no sólo sentirte feliz por ser padre.
Rick Weissbourd, quien dirigió el estudio, dice: “Estamos muy concentrados en la felicidad de nuestro hijo. No me sorprendió que la felicidad se clasificara como la más alta, pero me sorprendió que el logro se clasificara tan alto.” ¿Estamos empujando a nuestros hijos a centrarse sólo en el éxito? “La presión del logro puede tener un montón de resultados negativos“, dice Weissbourd, que es codirector del proyecto Making Caring Common. “Me preocupa que eso haga a los niños menos felices“.
4. MUÉSTRELE A SU HIJO(A) GRATITUD DE FORMA REGULAR.
Los investigadores afirman que “los estudios demuestran que las personas que se involucran en el hábito de expresar la gratitud son más propensos a ser útiles, generosos y compasivos, y también son más propensos a ser felices y saludables.” Los padres deben dar a sus hijos tareas y luego expresar lo agradecidos que están por sus logros. Es importante que los niños vean que la gratitud es un don extraordinario. Cada vez que hacen algo, honrarlos y reconocerlos por su desempeño. Los psicólogos de Harvard encontraron que los padres están alabando solamente “actos infrecuentes de bondad”.
Como padres, nuestros deberes son enseñar a nuestros niños a ser empáticos y compasivos con los demás. Los niños aprenden con el ejemplo. Llévelos a un refugio para personas sin hogar. Expongálos junto a otros que no están en la misma clase social. Permítales ser testigos de lo afortunados que son de tener lo que tienen en casa. Sea abierto con ellos. Sea agradecido por los pequeños actos que realizan que no tienen nada que ver con la escuela o el trabajo. Ayudar a los demás no es sólo darles la oportunidad de ser adultos increíbles, sino eliminar el prejuicio de la intolerancia y las diferencias. Todo comienza en casa.
5. ENSEÑE A SUS HIJOS A TENER UNA PERSPECTIVA MÁS AMPLIA.
Esto se remonta a mostrarles gratitud. Deje que su hijo experimente el mundo a través de su compasión. Los investigadores dicen que “casi todos los niños simpatizan y se preocupan por un pequeño círculo de familiares y amigos“.
Enseñe a su hijo a ser un buen oyente, a interactuar sin el uso de la tecnología, a ser empático con otras personas fuera de su familia, y a no juzgar a ninguna persona en base a su religión o nacionalidad. Estamos en momentos cruciales de la evolución humana, y esta nueva generación tiene la capacidad de ser grande y cambiar nuestro mundo. Exponer a su hijo a diferentes culturas ayuda a desarrollar una persona cariñosa, amable y feliz.
Usted es responsable de traer almas amorosas. Ayúdelos a navegar por este mundo a través de la compasión, el amor y la bondad.
“Criar un niño cariñoso, respetuoso, ético es y siempre ha sido un trabajo duro. Pero es algo que todos nosotros podemos hacer. Ningún trabajo es más importante ni más gratificante“.
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