LOS ESTUDIANTES TRABAJAN MÁS DURO CUANDO LO HACEN EN GRUPO QUE EN SOLITARIO

La propuesta del aprendizaje cooperativo en la educación, apunta a “organizar las actividades dentro del aula para convertirlas en una experiencia social y académica de aprendizaje. Los estudiantes trabajan en grupo para realizar las tareas de manera colectiva. El aprendizaje en este enfoque depende del intercambio de información entre los estudiantes, los cuales están motivados tanto para lograr su propio aprendizaje como para acrecentar los logros de los demás” (Wikipedia).

Aunque fue “el pedagogo norteamericano John Dewey, quien promovía la importancia de construir conocimientos dentro del aula a partir de la interacción y la ayuda entre pares en forma sistemática” (Wikipedia); son los psicólogos Edythe Holubec, David y Roger Johnson, quienes en su libro EL APRENDIZAJE COOPERATIVO EN EL AULA, desarrollan esta propuesta didáctica, afirmando que “aprender es algo que los alumnos hacen, y no algo que se les hace a ellos. El aprendizaje no es un encuentro deportivo al que uno puede asistir como espectador. Requiere la participación directa y activa de los estudiantes. Al igual que los alpinistas, los alumnos escalan más fácilmente las cimas del aprendizaje cuando lo hacen formando parte de un equipo cooperativo”.
El Dr. David W. Johnson, profesor de Psicología Educacional en la Universidad de Minnesota y co autor del libro EL APRENDIZAJE COOPERATIVO EN EL AULA, es entrevistado por Ana Torres Menárguez para EL PAÍS (España). Nosotros compartimos textualmente, seis preguntas y las respuestas, con fines únicamente educativos – pastorales, anotando que los sobresaltados en negritas, son nuestros, y considerando que esta propuesta didáctica la explica con bastante amplitud y claridad en el siguiente diálogo.
¿QUÉ ES EL APRENDIZAJE COOPERATIVO Y POR QUÉ SE DEBERÍA USAR EN LAS ESCUELAS?
DAVID JOHNSON: Mucha gente tiene una idea equivocada. Juntar a personas en la misma habitación, sentarlas en círculo y decirles que son un grupo no quiere decir que vayan a cooperar de forma efectiva. Es necesario que se den cinco elementos esenciales que son los que integran nuestra metodología. El más importante es la interdependencia positiva, que implica que todos los integrantes del grupo perciban que el éxito individual no se dará si no triunfan todos. Si uno falla, todos pierden. La clave es entender que los esfuerzos individuales no serán en beneficio propio, sino del grupo. Este método de trabajo consigue que las personas se preocupen por el éxito de los demás, un elemento básico para la convivencia. Si las escuelas promueven la cultura de ser el número uno, a la vez están animando a esos mismos alumnos a desalentar y obstruir los esfuerzos de los otros. En las competiciones solo ganan unos pocos.
SUS ESTUDIOS HAN DEMOSTRADO QUE LA COMPETITIVIDAD ENTRE ALUMNOS NO MEJORA LOS RESULTADOS ACADÉMICOS. ¿POR QUÉ SIGUE INSTALADO ESE SISTEMA EN LAS ESCUELAS?
DAVID JOHSON: A mediados de los sesenta cuando Roger y yo comenzamos a interesarnos por el tema, la competitividad y el individualismo dominaban los sistemas de enseñanza en primaria, secundaria y en la Universidad. Era el llamado darwinismo social, que consiste en aplicar la teoría de la evolución de Darwin al campo educativo: los estudiantes tienen que aprender a sobrevivir en un mundo en el que unos se comen a otros y solo los más aptos sobreviven. En ese momento, el aprendizaje cooperativo era relativamente desconocido e ignorado por los educadores. Afortunadamente, hoy es una de las metodologías escogidas en todos los niveles educativos. Es muy raro encontrar a un profesor que no conozca este tipo de aprendizaje.
¿CUÁL ES EL PRINCIPAL PROBLEMA QUE SE DA EN LAS AULAS?
DAVID JOHNSON: Se ignora completamente la interacción entre los estudiantes. Los programas de formación del profesorado destinan la mayor parte del tiempo a enseñar a los docentes a lidiar con los alumnos y les muestran cómo deben reaccionar a los materiales de clase. Sin embargo, la interacción entre los alumnos es esencial y dice mucho de cómo aprenderán o de cuánta autoestima serán capaces de adquirir. No tiene sentido que los estudiantes compitan entre ellos para ver quién saca un sobresaliente y se sitúa por encima de los demás. Ese modelo ha caducado y hasta las empresas tecnológicas como IBM contratan a los que saben trabajar en grupo. A principios de los 2000 una investigación de una consultora señaló que el principal motivo por el que los estadounidenses dejan su trabajo es la falta de habilidades sociales de su jefe. El individualismo ya no vale.

¿POR QUÉ SE LES CONSIDERA LOS PADRES DEL APRENDIZAJE COOPERATIVO? ¿QUÉ HAN APORTADO QUE NO HICIERAN LAS INVESTIGACIONES PREVIAS?
DAVID JOHNSON: Se nos puede considerar los pioneros del aprendizaje cooperativo de la edad moderna, pero antes de nosotros hubo decenas de autores. El filósofo romano Séneca abogaba por este tipo de aprendizaje con afirmaciones como Qui docet discet, que quiere decir que el que enseña aprende dos veces. En el movimiento por la escuela pública de los Estados Unidos de comienzos del siglo XIX también hubo una fuerte defensa de esta corriente. No es algo nuevo. El hecho de enfrentarse a puntos de vista opuestos genera incertidumbre y conduce a la persona a buscar más información para conseguir una conclusión más refinada y razonada. Además, nuestros estudios demuestran que el alumno debe reestructurar la información para retenerla en la memoria y una forma de lograrlo es explicar algo en voz alta a un tercero.
DE SUS ESTUDIOS SE DESPRENDE QUE EL APRENDIZAJE COOPERATIVO EXIGE MÁS ESFUERZO Y PESE A ELLO RESULTA MÁS ATRACTIVO PARA LOS ESTUDIANTES.
DAVID JOHNSON: Los beneficios se pueden dividir en tres grandes grupos: un mayor esfuerzo para el logro, una mejora de las relaciones interpersonales y también de la salud psicológica. El cooperativo es más complejo que el individualista porque el alumno tiene que conectar al mismo tiempo con la tarea que debe realizar y con el grupo. Los miembros del equipo tienen que aprender a liderar, a decantarse por un punto de vista, a comunicar o a manejar los conflictos. Nuestras investigaciones demuestran que trabajan más duro cuando lo hacen en grupo que en solitario. Aumenta la retención de información, tienen mayor capacidad para desarrollar argumentos, mayor motivación para seguir aprendiendo después de clase y mejores estrategias para la resolución de problemas.
PARECE QUE LOS ESTUDIANTES QUE COOPERAN SABEN MANEJAR MEJOR SU CARÁCTER Y TIENEN MAYOR RESISTENCIA A LA ANSIEDAD. ¿POR QUÉ?
DAVID JOHNSON: Cada vez que dos estudiantes trabajan juntos, la relación cambia: se entienden mejor, se aceptan y se apoyan mutuamente tanto en lo académico como en lo personal. Cuando no compiten, mejora su salud mental; ganan autoestima y mejora su habilidad para lidiar con el estrés. El grado de vinculación emocional entre los estudiantes tiene un profundo efecto en su comportamiento en el aula. Cuanto más positiva es esa relación, menores son las tasas de absentismo y de abandono. El sentimiento de responsabilidad sobre el grupo incentiva las ganas de emprender proyectos de mayor dificultad y mejora la motivación y la persistencia para alcanzar una meta conjunta. El grupo se siente unido frente a ataques externos o críticas y crece el compromiso por el crecimiento personal y académico del resto de miembros del equipo. Los niños que requieren tratamiento psicológico suelen tener menos amigos y sus amistades son menos estables a largo plazo. La esencia de la salud psicológica es la habilidad de construir, mantener y modificar las relaciones con los demás para conseguir determinados objetivos. Los que no son capaces de gestionarlo suelen presentar mayores niveles de ansiedad, depresión, frustración y sentimientos de soledad. Son menos productivos y más inefectivos en combatir la adversidad”.
La entrevista completa la encuentra en “LOS ALUMNOS QUE NO COMPITEN TIENEN UNA MEJOR SALUD MENTAL”
REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF
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PROYECTO EDUCATIVO PARA QUE LOS ESTUDIANTES REGULEN SUS EMOCIONES

El presente trabajo “Aprendiendo a Sentir: Proyecto sobre las emociones” que compartimos con fines educativos – pastorales fue elaborado por la profesora Rosa Ortega-Villaizán Abad y publicado en la plataforma de la Universidad Internacional de La Rioja Facultad de Educación.

El siguiente proyecto se revisaron los principales modelos teóricos sobre la Educación Emocional. Se analizó la legislación estatal y autonómica, y distintas metodologías para trabajar las emociones. En segundo lugar se elaboró el proyecto, que consta de 12 actividades en las que a partir de la dramatización se trabajan las emociones básicas de alegría, tristeza miedo y enfado, ira, celos, culpa y asco. Las actividades se trabajan en el aula Aprendiendo a Sentir, donde el espacio está distribuido para trabajar cada emoción. Se espera que la compresión y gestión de las emociones repercuta directamente en las habilidades sociales consiguiendo un mejor clima en el aula y por consiguiente en la escuela.
Aprendiendo a Sentir: Proyecto sobre las emociones
Cuando se habla de emoción se hace referencia a la reacción que una persona experimenta a partir de un estímulo. Las emociones son universales, y representan un complejo mundo en el que se incluyen tanto emociones positivas, como por ejemplo, la alegría, la felicidad, el amor, o emociones negativas como la ira, el miedo, la tristeza, la ansiedad. Éstas están presentes en la vida de la persona desde que nace y desempeñan una función relevante en la formación de la personalidad (López, 2005).
El no reconocer, asimilar y regular las propias emociones y las de los demás tiene connotaciones negativas entre las que se pueden destacar: desórdenes alimentarios como la anorexia o la bulimia, u otros problemas aún más graves como el consumo de drogas o el suicidio. Aspectos que señalan la importancia y necesidad de trabajar las emociones no sólo en el ámbito familiar, sino también en el ámbito escolar desde edades tempranas. Por tanto, las escuelas deben enseñar habilidades sociales y emocionales (Navarro, 2006).
Tal y como señalan distintos estudios y autores (López, 2005; Navarro, 2006), las habilidades sociales y emocionales son imprescindibles para el total desarrollo de las personas. Educar las emociones facilita la adquisición de un espíritu crítico, la resolución de conflictos de manera pacífica, el implicarse en las tareas, la cultura del esfuerzo… Además, la adquisición de habilidades socioemocionales ayudará a los alumnos a trabajar de manera cooperativa tanto en la escuela, como en su trabajo en la edad adulta. (Navarro, 2006).
Los niños poseen multitud de sentimientos y emociones que necesitan expresar y manifestar, pero en muchas ocasiones no son capaces de comprender qué es lo que sienten, por qué lo están sintiendo y cuál es la mejor manera de actuar. Por ello desde la Educación Infantil debe trabajarse el correcto desarrollo de la Inteligencia Emocional (Cruz, 2014). Pues como señala Goleman (2016), la inteligencia emocional se relaciona directamente con la capacidad de identificar las emociones y las de los demás. Además cuando una persona es consciente de sus emociones se potencia su inteligencia (Salguero, 2011).

Caruana y Tercero (2011) indican que se debe empezar a trabajar con los niños y niñas de Educación Infantil porque es cuando estos toman conciencia de sí mismos. A esta edad también el niño ya es capaz de imitar a través del juego simbólico consiguiendo ser más sociables, cada vez más autónomos y a la vez curiosos. Por tanto, en este momento es necesario que conozcan sus emociones y cuáles son las consecuencias de las mismas. Surge por tanto la necesidad de adquirir habilidades que les permitan controlar aquellos sentimientos que les irritan o les ponen agresivos, pero a la vez también deben ser conscientes de los sentimientos que motivan la capacidad de adaptación o la de resolver conflictos. La empatía, la cordialidad, el respeto favorecen una mejor convivencia y como consecuencia es necesario fomentarla en el aula (Gálvez, 2000).
Además, como afirma Bisquerra (2003), la educación emocional no se debe transmitir únicamente de manera transversal, sino que se deben tratar las emociones tanto de manera práctica como teórica, dándole así una mayor relevancia al ámbito emocional.
Así, Guil, Mestre, González y Foncubierta (2011) indican que los métodos utilizados para trabajar las emociones deberán tener en cuenta el juego y las actividades como la mejor manera de que los alumnos aprendan. A partir de agrupamientos flexibles, en pequeños grupos, en gran grupo o mediante actividades individuales.
A partir de todo lo expuesto parece clara la importancia de trabajar las emociones en el aula de infantil, y se justifica la necesidad de trabajos como el que aquí se presenta.
Para desarrollar este trabajo fin de grado, tras la revisión de diferentes estudios que se centran en las emociones se ha planteado el objetivo general y los objetivos específicos del trabajo de fin de grado. A continuación, se establece el marco teórico en el que se analiza la importancia de las emociones tanto a nivel personal como profesional. Por otro lado, se estudian los beneficios de una buena educación emocional. Además, se presentarán las nuevas metodologías para trabajar las emociones en las escuelas. A partir de este marco teórico se presenta una propuesta de proyecto didáctico cuyo objetivo es que los niños de P4 de Educación Infantil sean capaces de adquirir y gestionar las emociones y las habilidades sociales a través del juego, la dramatización y otras actividades. Para finalizar, se establecen las concusiones y consideraciones finales de este trabajo fin de grado.
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