A LOS PROFESORES NOS EXIGEN CURSOS DE CAPACITACIÓN, PERO LA MAYOR PARTE DE LOS CURSOS NO TIENEN NINGÚN INTERÉS EN EL AULA

Fernando J. López nació en Barcelona en 1977, aunque muy pronto se trasladó a Madrid. Publicó su primera novela con diecinueve años (In(h)armónicos, Premio Joven y Brillante) y ese mismo año fundó su propia compañía teatral, Armando no me llama, con la que estrenaría sus primeros textos.
Novelista, dramaturgo y doctorado cum laude en Filología, actualmente compagina la creación literaria con las clases de Dramaturgia que imparte en el Máster de Escritura Teatral de la Universidad de Alcalá de Henares. Fue finalista al Premio Nadal 2010 con La edad de la ira, un thriller que plantea –entre otros temas- el problema de la homofobia en las aulas del siglo XXI y que, recientemente, ha sido traducido al francés. En su narrativa destacan títulos como Las vidas que inventamos o La inmortalidad del cangrejo y novelas juveniles de gran aceptación entre los lectores adolescentes como El reino de las Tres Lunas o Los nombres del fuego.

Como dramaturgo, Fernando J. López ha estrenado y publicado numerosas obras tanto en España como en otros países. Entre sus títulos teatrales destacan piezas como Cuando fuimos dos, Darwin dice, Tour de force o De mutuo desacuerdo. Esta última ya ha sido estrenada con éxito en España, Venezuela y Panamá y prepara su próximo desembarco en nuevos destinos. Además es autor de versiones como Pánico (de Mika Myllyaho) o Yerma (de Federico Gracía Lorca), estrenada con una gran acogida de la crítica en el Gala Theatre de Washington.
Compartimos con fines educativos – pastorales la publicación del blog El Diarios de la Educación en donde entrevista al Profesor Fernando J. López.
“Los profesores nos sentimos muy poco valorados, pero los alumnos se sienten invisibles”
Profesor de Literatura en excedencia, escritor y dramaturgo, Fernando tienen mucho que decir sobre educación, igualdad y adolescencia.
Profesor de Literatura en Secundaria, escritor de novelas y dramaturgo, Fernando J. López (Barcelona, 1977) se ha convertido en una referencia del mundo adolescente. El éxito editorial le ha llevado a tomarse una excedencia, pero asegura que volverá al aula. En realidad no se ha desconectado del todo: acude a institutos a dar charlas dos o tres veces por semana, en las que habla entre otras cosas de violencia, homofobia o suicidio adolescente, algunas de las temáticas que recorren sus libros. Entre unas y otras escribe sus novelas y pelea -a través de sus obras- porque el mundo adolescente, que los adultos vemos con “condescendencia”, dice, gane en visibilidad y participación social.
Es profesor, escritor, dramaturgo. ¿Cómo se define?
La verdad es que no lo sé. Me siento muy bien en los tres campos, no puedo prescindir de ninguno. Para mí la enseñanza es mi vida. Y cuando escribo teatro o novela, como en la clase, puedo contar lo que me preocupa. Si tuviera que elegir una palabra sería comunicador. Las tres cosas aúnan eso. Yo comunico, en clase, en una novela o en una obra de teatro. Comunicador y agitador, porque siempre planteo temas polémicos en mis novelas. Los Nombres de Fuego habla del machismo en el s. XXI y la adolescencia; La Edad de la Ira de la adolescencia y homofobia; Malditos 16, del suicidio adolescente. No son temas complacientes, pero me parece que la adolescencia como receptor es el momento para plantearlo. Si queremos una sociedad que no sea machista, homófoba, etc. hay que trabajarlo ahí, no esperar a que tengan 20 años y todos sus prejuicios montados.
Habla de violencia en las aulas, homofobia, machismo… ¿Cree que esto ha ido a peor en los últimos años o solo estamos más informados?
Creo que los medios no ayudan porque destacan sobre todo cuando hay sangre. Hay iniciativas que no había antes, como los alumnos ayudantes, muy interesantes. En muchos centros son los propios alumnos los que resuelven conflictos o ayudan a resolverlos. Creo que hay un problema social. Las aulas son un reflejo de la sociedad y culpamos a los adolescentes de lo que no funciona fuera. Es cierto que ahora hay un repunte de machismo, homofobia y racismo, pero como reflejo. Hay un elemento que para mí es clave: estos contenidos son siempre transversales. No se tratan, al menos en Secundaria y Bachillerato, de una manera vehicular, protagonista. Y siempre es a costa del tiempo de tu materia, que el profesor de Matemáticas o la de Biología saque tiempo para hablar de interculturalidad, igualdad, diversidad. Pero el profesor puede elegir no hacerlo, y yo quiero que eso se tenga que tratar sí o sí en las aulas. Las tutorías son anecdóticas, en la ESO no da tiempo a nada. No se trabaja y es básico en la educación.
También hay confusión con la labor de los profesores. Se oye mucho este discurso de ‘los profesores deben enseñar, no educar’. Los profesores deben educar. No todas las familias tienen la misma suerte ni el mismo entorno y los valores de igualdad, respeto y diversidad hay que darlos no solo en la familia, también en el aula.
¿Escribe sobre adolescentes porque lo ha buscado ex profeso o ha salido así?
Las dos cosas. Hay un interés porque soy un novelista juvenil, y eso también me llevó a preguntarme por qué no hay un teatro juvenil. Existen novelas juveniles, pero no un teatro que hable de los adolescentes, por lo menos en España. Quiero hacer un teatro que atraiga a los adolescentes por un lado y, por el otro, que a los adultos les haga pensar sobre el mundo adolescente. Creo que les miramos con condescendencia y minimizamos sus problemas.

¿Deberíamos escuchar más a los adolescentes?
Tienen mucho que decir, y tienen que decirlo desde su realidad. Me enfurece cuando oigo decirle a alguien a un adolescente ‘tranquilo, ya se te pasará, ya lo verás diferente con el tiempo’. Es que precisamente su tiempo es ahora, es lo que ocurre con el suicidio adolescente. Malditos 16 viene de ahí, de adolescentes que han hecho una llamada de atención, no han tenido respuesta y han acabado ahí. La adolescencia es una edad en la que no existe el término medio, todo es absoluto y no se valora la consecuencia. Si no les atiendes no sabes dónde puede llevar su acción. A mí me escriben muchos adolescentes, me han mandado correos interesantísimos, mucho más que los de muchos adultos. Les decimos: ‘Queremos que habléis’, pero no les damos el hueco. Pasa en clase también, queremos clases participativas pero luego las llenamos de lecciones magistrales en las que no tienen nada que decir.
¿Los estamos perdiendo por ahí a nivel educativo?
Yo creo que sí. Los estamos perdiendo en parte porque el sistema está muy alejado de su realidad y muchos profesores hacemos malabares para no perderlos. Hay una generación de profesores que se esfuerza mucho en comunicarse, haciendo esfuerzos por sacar tiempo donde el currículo no les deja. Hay muchas pruebas externas, selectividad sí o no, la reválida… están muy condicionados y las aulas no se han adaptado -desde el sistema- a la realidad del siglo XXI. Hemos puesto pizarras digitales pero no hemos dado ni contenidos ni métodos contemporáneos.
¿Tienen los profesores herramientas para afrontar esto? Un profesor de Secundaria hace su grado, luego el máster, pero no sé si se le explica mucho cómo lidiar con un chaval de 15 años.
Eso te lo da la experiencia. Hay una parte psicológica en el máster, pero creo que deberían ampliarla. A los profesores nos exigen cursos de formación, pero la mayor parte de los cursos no tienen ningún interés en el aula. No tiene sentido que para sumar créditos hagamos cursos de introducción a Word como a veces te ofrecen. Queremos cursos sobre cómo tratar a adolescentes, cómo educas a un chico que es Asperger, cómo lo integras. Cómo tratas a alguien con alguna discapacidad. Deberíamos tener más herramientas concretas. Esa formación falta. Sí hay muchos profesores formándose, pero de manera voluntaria y fuera de su tiempo.
Decía que en las aulas no se fomenta esta participación de los alumnos. ¿Acomete la LOMCE este problema?
Al revés. Creo que la LOMCE es la mayor involución educativa que hemos vivido. Es muy peligrosa y va a crear muchos problemas en el futuro. Es una ley que arruina cualquier foco de creatividad y de aporte por parte del alumno, encorseta al profesorado, lo mide todo desde presupuestos mecanicistas y orientado a las pruebas externas. Es una ley que va a hacer que muchos chicos y chicas abandonen el sistema, y sobre todo los más desfavorecidos, los que tengan menos apoyo fuera. Es una ley injusta en muchos aspectos, que relega las humanidades, convierte la Filosofía en algo accesorio, la Plástica y la Música en meras anécdotas… vamos hacia una educación fragmentaria, mecanicista y paupérrima.
Sin entrar al detalle o aspectos puntuales, ¿qué le falla al sistema educativo?
Básicamente que no se escucha a los que estamos en las aulas, profesores y alumnos. No se atiende a las necesidades de ninguno de los dos. Los profesores nos sentimos muy poco valorados, a veces vapuleados, y los alumnos se sienten invisibles. Esa no escucha es un grave problema en las aulas. No hay una mirada real. ¿Cómo son los adolescentes del s. XXI? Creemos que estamos en los 80 y no es así. Es otra sociedad y la educación no se hace 2.0 porque pongas pizarras digitales, será 2.0 porque se integre esa realidad en el aula y ahora no está.
Igual es una pregunta muy grande pero, ¿cómo se hace esto?
Una de las cosas que habría que hacer es revisar los currículos. ¿Qué se está enseñando en cada materia? ¿Qué criterios se siguen? En mi especialidad, que es Literatura, ¿por qué mantenemos el criterio cronológico? Hay otras maneras de conseguir adolescentes lectores. Vamos a revisar qué estamos exigiendo, qué tipo de pruebas pedimos, qué tipos de destrezas trabajamos en las aulas, por qué no se fomenta la expresión oral, la creatividad, el trabajo cooperativo, por proyectos. Y una vez hagamos eso, veamos las condiciones que tenemos. No podemos trabajar con 40 alumnos en clase. También veamos qué tipo de profesionales necesitamos en un centro educativo. Yo escribí hace años que necesitamos no más profesores sino más psicólogos. Cada vez estoy más convencido, no solo que atiendan a los chavales sino también a los profesores. Eso está fallando. Está fallando el número de personas que trabajan en los centros, el número de alumnos que tenemos por aula y los contenidos que tenemos que impartirles y el tipo de prueba. Les evaluamos con pruebas que siguen modelos muy parecidos a los que yo tuve cuando hice Selectividad hace 20 años. No creo que eso sea pertinente. Cuando revisas un libro de texto actual -y yo soy autor de libros de texto también- te sorprendes de que los contenidos que exigen por ley son prácticamente los mismos que cuando yo hacía COU.
Le he leído criticar que los currículos no incluyan por ejemplo libros editados después del año 2000.
Apenas. En 4º de la ESO hay algo, pero es tarde y ya les hemos perdido por el camino. La LOMCE propone estudiar literatura medieval en 2º de la ESO, hablamos de chicos de 13 años. Es muy difícil hacer lectores así. Tenemos un problema muy gordo en ese sentido frente a muchos países, como Francia o Inglaterra, donde se apoya mucho la literatura juvenil. Aquí se ve como una literatura de segunda. Eso no favorece crear nuevos lectores, es a esa edad -a los 8, 10, 12 años- cuando se hace. Y no lo van a hacer con La Celestina, por mucho que a mí me parezca una obra maravillosa. Antes hay que pasar por Michael Ende, por Roal Dahl. Y aquí no se valora lo juvenil y los autores contemporáneos de juvenil aún menos. Una de las frases que más me repiten en mis charlas es: ‘No sabía que esto era literatura también’. Y les preguntas: ‘¿Por qué no lo sabías?’ ‘Porque habla de mí y yo creía que literatura es un soneto de Garcilaso’. Y Garcilaso es maravilloso, pero quizá con 12 años no es la mejor manera de entrar en la literatura, igual es una canción de Marwan, por decir algo. Luego ya les llevaremos a Garcilaso y Byron, pero creo que hay muchas formas de hacerles amar la ciencia o la literatura que no estamos encontrando.
¿Es un tópico que los jóvenes no tienen interés por leer?
Es un tópico terrible, sobre todo en un país donde se lee tan poco en general. Decimos que los jóvenes no leen y, sin embargo, los fenómenos editoriales en España son mucho más adolescentes que adultos. El problema es llegar a ellos, conseguir que les interese lo que les vas a contar. Pero que hay muchos lectores adolescentes es cierto. Booktubers, por ejemplo. La mayor parte de ellos están entre los 15 y los 20 años. Y de repente comentar libros, compartir libros, se está poniendo de moda. Presumen de leer libros. Comparten fotos de sus libros.
¿Recomendaría a su hijo ser profesor?
Sin duda, y es duro lo que se va a encontrar en muchos niveles. Pero es lo mejor que me ha pasado en la vida, casi todo lo que escribo viene de ahí. Volveré, tengo mono de tiza, pizarra y mis alumnos. Es un trabajo en el que tienes clara la función social que haces, aunque la ves muchos años después. El afecto de los adolescentes es tan sincero y da tanto… la sensación de poder hacer algo es maravillosa.
Este contenido ha sido publicado originalmente por El Diario de la Educación en la siguiente dirección: eldiariodelaeducacion.com
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CADA DOCENTE DEJA UNA HUELLA PERSONAL EN EL ESTUDIANTE

Cada día admiro más el tiempo y el interés que los educadores, padres de familia y profesores, amigos de la Web del Maestro CMF, dedican a su formación permanente. De su apertura por estar al corriente, investigar y celebrar otras experiencias educativas, no para copiar, calcar o reproducir, sino para conocer ese camino formativo, pedagógico y analizar qué les puede ser útil.
Ya Voltaire, uno de los principales representantes de la Ilustración dijo: “Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás“. Gracias por animarnos a seguir apoyando el crecimiento y consolidación de la calidad humana y profesional de los educadores.

La sociedad, y cada uno de nosotros, sabemos que necesitamos profesores que, a pesar de las sobrecargas laborales y el desaliento que puede causar el no ser valorados y motivados por una sociedad que no ha aprendido a ser agradecida con sus profesores (o no ha sido enseñada a ser grata), luchan “contracorriente” y “hacen de tripas corazón”. Desean ser felices en su tarea docente. Saben que “el éxito depende del esfuerzo” (Sófocles), y que la permanencia, perseverancia y persistencia, en las aulas y en las escuelas, “a pesar de todos los obstáculos, desalientos e imposibilidades: es eso lo que distingue las almas fuertes de las débiles” (Thomas Carlyle). Sólo los profesores por vocación, felices entusiasmados y motivados revisan y actualizan sus conocimientos, y no se quedan en los libros y prácticas de la formación inicial docente. Crecen día a día en su vocación y saben de su importante labor social.

De la primera experiencia en el aula (a solas o quizá luego de la presentación de rigor), de la emoción, la alegría y del entusiasmo de saberse “solo en el ruedo”, depende mucho el futuro para vencer los retos de ser profesor(a). Cada día al ingresar a clases, el(la) profesor(a) siente la exigencia de elegir las mejores y más apropiadas decisiones, el cómo hacer realidad el enseñar a aprender con los conceptos explicados, el cómo inventar nuevas dinámicas ante el reto de una mayor participación e interacción con sus estudiantes reales y en esa concreta comunidad educativa. “Un hombre sabio construirá más oportunidades de las que encuentra”, nos dijo el célebre filósofo inglés Francis Bacon.

El profesor descubre, en el día a día, que no solamente debe motivar a sus estudiantes para despertar interés hacia un nuevo aprendizaje, sino que va más allá, también siente la necesidad de conocerlos y conocer su entorno familiar. Hipólito Gonzales sostiene que “con mucha frecuencia el docente sabe (teóricamente) lo que son los impulsos didácticos, y estímulos que dé ánimo al aprendiz en la escuela; de incorporarse a los procesos de aprendizajes sin perjuicio ni prejuicios, haciendo posible a que el niño deje y/o se olvide de sus problemas, inquietudes personales (hambre, apetito, falta de material escolar, tareas en casa, etc.) y que a menudo suele presentarse, cuando estamos hablando de un contexto escolar del área rural con dificultades económicas principalmente. Y para salir de ello, el papel del docente es y será una tarea ineludible en conocer la realidad misma del contexto donde dará su tino didáctico con profesionalidad y por qué no decirlo aplicará una acción de ingeniería humana y/o de talentos. […] El rol del docente tiene que imprimir un tacto pedagógico en no herir a nadie, todos hemos aprendido yo también; será la voz del maestro, para respetar la diferencia y despojar la discriminación. El papel del docente en este sentido es de vital importancia, ya que por medio de sus actitudes, comportamientos y desempeño dentro del aula podrá motivar a los alumnos a construir su aprendizaje dialogando, en colaboración y en colectivo”.
“En contra de lo que pensamos, con las nuevas formas de divulgación en educación y con todas las posibilidades que poseen los estudiantes de adquirir conocimientos, hoy más que nunca somos indispensables en el proceso de enseñanza, dada la pérdida del interés en aprender, la pérdida de valores, la pereza intelectual y el logro facilista de las metas, nos obligan a que replanteemos seriamente nuestro modelo educativo, que hoy, me atrevo a afirmar, sigue siendo repetitivo y memorístico, muchas veces aburrido y poco interesante para el estudiante”, sostiene a profesora Margarita Gómez Parra, docente en Municipio de Fusagasuga en Colombia. ¿Qué hacer para no anquilosarse después de salir de la formación inicial docente? No olvidar y tener presente (entre otras opciones), que la “educación es formar al ser humano para el cambio permanente y aún para la eventual crisis producto de la transición”, nos dice el educador español, Miguel Ángel Escotet, ex Decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Texas (USA).

Todo lo anterior no es un conjunto de buenas intenciones, fantasías, ejemplos o desafíos fugaces, sino la consecuencia de saber que el buen profesor siente la exigencia inexcusable de su actualización permanente, saber que “no es lo que hacemos de vez en cuando lo que da forma a nuestra vida, sino lo que hacemos consistentemente”, como dice el orador motivacional estadounidense Anthony Robbins. Por eso es que nos alegramos de Ustedes, que aprovechan los diversos o escasos recursos tecnológicos a su alcance, para mejorar su servicio educativo, y en especial, nuestros respetos y reconocimiento a aquellos que son los animadores en cada comunidad educativa.
Marta Gil, subdirectora del colegio británico Caxton College de Valencia (España), considera muy importante no sólo tener los mejores profesores, sino también planificar el cómo saber retenerlos, con un “ambiente de trabajo cómodo y respetuoso en el que se instale el compañerismo, el reconocimiento, la confianza y el trabajo en equipo”, para tener el espíritu de pertenencia no de “jornalero”. ¿Difícil? ¿Imposible? ¿Utópico? Entonces soñemos “con los ojos abiertos y mirando al sol” (cf Papa Francisco, 01/10/2017).
Si somos de esos buenos maestros, sabremos adaptarnos y perfeccionar nuestra tarea, cada vez más apoyada por la era digital, y nos empaparemos del conocimiento y análisis de las nuevas propuestas para impartir clases más atractivas, que ayuden a nuestros alumnos a alcanzar el éxito académico y su formación integral.
Sabiendo de su buena voluntad y predisposición a seguir actualizándose, nos permitimos aconsejarles el leer y reflexionar, solos o en grupo, estas doce destrezas que Marta Gil cree que debemos adquirir e incorporarlas a nuestra dinámica de trabajo en las aulas:

Capacidad de fomentar en el estudiante un pensamiento crítico y divergente.
Maestría para dotar al estudiante de un carácter investigador y reflexivo.
Habilidades para aplicar la gamificación en las aulas.
Conocimiento activo y eficaz de las nuevas tecnologías de la información destinadas a sus asignaturas.
Cualidades creativas e innovadoras que acerquen sus asignaturas a la realidad cotidiana.
Experiencia para diseñar sus propios recursos didácticos organizando clases bidireccionales donde los estudiantes, de manera colaborativa, interactúen y formen parte del proceso de formación.
Técnicas para que los estudiantes sean productores de contenidos y trabajen por proyectos educativos interdisciplinares.
Competencia para utilizar el error como fuente de aprendizaje.
Cualidades para impulsar la autonomía e independencia del estudiante.
Aptitudes afectivas para promover relaciones empáticas con el estudiante.
Solvencia para combinar la educación emocional y cognitiva.
Mostrar un compromiso ético y un modelo de conducta ejemplarizante.

Si desea ampliar su conocimiento en la experiencia del Caxton College y la propuesta de Marta Gil, les invitamos a leer la publicación de ABC de la Comunidad Valenciana (España): LA MEJOR HERRAMIENTA EDUCATIVA PARA EL SIGLO XXI.

Gracias por su trascendental tarea docente, gracias por buscar esos cortos tiempos para actualizarse, gracias por estar convencidos y motivados a seguir aprendiendo, porque sienten y viven que su tarea docente no tiene que ser grande para comenzar, pero si tiene que ser amada y apasionadamente vivida para ser grande, a pesar de las dificultades. La vocación docente es un continuo devenir, un hacer que cada día sea diferente, porque “allí radica gran parte de este nuevo cambio que debemos empezar a implementar”, en nuestra formación permanente; porque -parangonando al escritor norteamericano David Thoreau- estamos seguros que lo que conseguimos con el logro de nuestras metas no es tan importante como en lo que nos convierten esos logros. Confiamos en que, en un día muy cercano, se valorará o revalorará la tarea docente, como el factor principal y determinante del desarrollo de la humanidad y el progreso de los pueblos.
“Con qué facilidad las grandes reformas educativas exigen a los profesores mayores sacrificios en nombre de la calidad educativa y el prestigio institucional” (Margarita Gómez Parra).
REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF
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PADRES RECUERDEN QUE LA BUENA EDUCACIÓN Y LA FORMACIÓN EN VALORES VIENEN DE CASA

Si bien es cierto que la actual crisis de valores, que existe en la sociedad, obliga a establecer reformas educativas que paleen la decadencia social que se vive; de nada valdrán estos esfuerzos para mejorar la calidad educativa, si no existe una preocupación por parte de los padres en educar correctamente a sus hijos.

El principal problema es que los padres han delegado su deber de primeros educadores a terceros, y ahora esto está pasando factura con altos costos sociales, morales, afectivos y emocionales. Existe una incapacidad por parte de los padres para formar personas honorables, pues están muy ocupados en sus asuntos de “adultos” y culpando  de los males de sus hijos a esos mismos terceros: Estado, colegio, amigos, bandidos del barrio, videojuegos, internet, televisión, o incluso, otros miembros de la familia.
La conducta de un niño en la escuela se ve influenciada por diversos factores; pero el principal es la familia pues esta cumple un rol fundamental en la conducta del niño. Si al niño se le brinda un ambiente familiar tenso y conflictivo provocará que este reaccione con violencia (verbal o física), y si por el contrario se le brinda una ambiente pacífico y reflexivo generará que el niño adopte conductas respetuosas y equilibradas.
Así mismo, son los padres los principales responsables de  trasmitir valores concretos con el ejemplo: “se trata de vivir lo que queremos que nuestros hijos aprendan. No sirve de nada, por ejemplo,  pedirles que sean sinceros si nosotros mentimos abiertamente frente a ellos cuando no tenemos excusa por nuestro comportamiento. Debemos ser coherentes entre lo que somos y lo que queremos que ellos sean”. La educación empieza por casa.
A continuación compartimos el artículo del portal informativo ABC (España) en donde Carlota Fominaya nos cuenta en su artículo sobre la tarea que tiene los padres con la educación de sus hijos, la buena educación y la inculcación de los valores.
Esperamos que la siguiente publicación sea de utilidad para la comunidad docente y para los padres de familia.
Los valores los inculcan los padres, no la escuela
Los profesores tienen una función importantísima en este aspecto, pero es el ejemplo de la familia el que cala de verdad en los hijos.
El amor incondicional, la bondad, el afecto, la honestidad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia… son valores necesarios para realizarnos correctamente, para crecer y ser felices. Las personas adultas deberíamos saber transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Pero ¿por dónde empezar su enseñanza y aprendizaje? Lo principal es que todos los expertos consultados señalan a la familia como el lugar principal donde se descubren los valores. Pero ¿están las familias preparadas para este reto?

Coherencia en el testimonio
En este aspecto de la educación, los padres han de ser conscientes de que su manera de ser y de hacer familia será crítica. Para la escritora Victoria Cardona, «los padres deben saber que en la primera infancia los niños imitan todo, por lo que es muy importante ser coherentes a la hora de dar testimonio. Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres». Coincide con ella Ramón Olegario, profesor de pedagogía terapéutica del IES nº 1 de Riberia (La Coruña), para quien la educación en valores debe empezar en casa, y cuanto antes. «Si un niño ha tenido una buena base afectiva, una base armónica, ese niño tiene mucho ganado. De hecho, la escuela tiene una función importantísima en este aspecto, pero los profesores somos sólo los subsidiarios de dicha educación en valores».
La familia, prosigue Cardona, «es núcleo de la sociedad donde se educan por contagio a todos los que la integran. Pero cada familia tiene su estilo y debe estudiar qué valores quiere transmitir». Ahí es donde Javier Borrego, profesor de Ética y Antropología de la Universidad CEU San Pablo hace hincapié en lo siguiente: «Los valores por sí solos no son nada. Sólo tienen su sentido cuando están ordenados y podemos señalar un valor central».
Distintas jerarquías
De ahí que Borrego proponga que cada familia se plantee qué ideal es el que le mueve. Porque, prosigue este docente, no todas las jerarquías de valores son iguales. «Puede haber familias que entiendan que lo mejor es colmar todos los deseos de los niños, y entonces los niños crecen sin enfrentarse a los problemas y disfrutando de la vida… pero a la larga será perjudicial. Pero puede haber otras familias que su ideal sea la unidad y la comunicación. Entonces se acostumbrarán a no tenerlo todo inmediatamente, a compartir. Los niños de estas familias crecerán más felices. Es así de sencillo».
De esta forma, mientras que para este profesor la educación en valores debe empezar por la enseñanza de ciertos criterios éticos y estéticos, para el profesor de pedagogía terapéutica del IES Nº 1 de Ribeira (La Coruña), hoy por hoy lo principal sería «educar en el respeto al prójimo, llevado a todos los niveles». «Yo diría que todos son importantes», apunta por su parte Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Autora del libro «Qué hay que enseñar a nuestros hijos», Camps concluye que «el buen humor, la generosidad, la autoestima… son conceptos encadenados que se van complementado, y cuyo conjunto explica qué es eso de la felicidad».

Objetivo, una libertad responsable (Por Victoria Cardona)
Siempre conviene pensar en valores que ayuden a los niños y los jóvenes a alcanzar una libertad responsable. Les dejo unas conclusiones en forma de pinceladas para la reflexión personal. Un valor es intangible, pero es algo que atrae y que, en los padres, tiene su fundamento en la mejora personal. Se trata de demostrar con obras la fuerza interior que tiene cada madre o padre, para mantener una actitud positiva y enfrentarse a su día a día con ánimo renovado, con objeto de acompañar a los hijos en su proceso educativo. Los valores de la convivencia son fundamentales para educar en casa. Valgan unos ejemplos: dar las gracias amablemente por un favor recibido; valorar una tarea bien hecha; corregir con paciencia la realización de un encargo que podía haberse llevado a cabo con más pulcritud; pasar por alto el mal humor de un adolescente; reconocer que hemos perdido los modales y nos hemos enfadado y saber decir: «Perdona, he hecho mal», con humildad. Así, podemos ayudar a nuestros hijos a descubrir los valores del agradecimiento, de la serenidad y del perdón, mucho más que con mil y un discursos sabiamente elaborados y explicados. El valor que brilla y que necesitan hoy más que ningún otro es nuestro afecto y cariño. Con afecto los padres tendrán un ascendente que les facilitará el ejercicio de la autoridad. Una autoridad que deberá concretarse en los horarios del tiempo de estudio, de la red o de las actividades extraescolares. El esfuerzo que tienen que hacer niños y adolescentes para obedecer es un valor que les ayudará toda la vida. Demos importancia al testimonio personal. Aunque hablamos de transmitir valores, es mejor que los descubran en la vida de los padres. En definitiva, conviene que sepan interiorizar los valores que han observado en su familia y, actuando con libertad, tengan sus propios criterios y lleguen a ser felices.
Especialista en orientación familiar y autora de «¿Quién educa a mi hijo?»
Principios que se dan en casa (Por Fernando Vidal Fernández)

El amor incondicional. Es la experiencia más básica de la familia. Saberse y sentirse querido por uno mismo, confianza de ser amado incluso cuando se falla. La incondicionalidad y la tolerancia son una ley básica de la humanización; pese a todo, hay perdón.
Gratutidad. Es un valor progresivamente olvidado en la sociedad, pero que en la familia mana a raudales. De hecho, es su nota principal. El caudal de la gratuidad es lo que hace funcionar una sociedad, sin ella se hace inviable y se colapsa.
Responsabilidad. Las personas se constituyen en ellas mismas porque se responsabilizan de las otras. Esta es una experiencia fundamental en la infancia. Uno se forma como persona en proporción a cómo se responsabiliza de los demás y del mundo.
Discernimiento. La familia nos enseña a distinguir las cosas, a llamar las cosas por su nombre, a conocer el bien, la verdad y la belleza. Nos enseña a hablar el lenguaje de la realidad, a distinguir los signos de sus mensajes.
Trascendencia. Gracias a la familia sabemos que las cosas van más allá de nosotros, aquí y ahora. Lo aprendemos al pensar en antepasados y en generaciones venideras. Formamos parte de una historia que nos trasciende.
Profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, doctor en Sociología, y director del Instituto Universitario de la Familia

Y los enemigos que nos hacen perder las referencias (Por F. V. F.)

La superficialidad. La vida acomodada que nos facilita el sistema puede hacer que perdamos el verdadero valor de las cosas. Se extiende por doquier la superficialidad y eso crea condiciones para la aparición de la tiranía.
La pereza. ¡Es tan fácil reducir lo complejo a lo simple, lo profundo a lo superficial, el valor a la moda! Tener valores es también una conquista que requiere esfuerzo, búsqueda y maduración, cultivarse, a veces vencer las propias inclinaciones, superar muchas modas y tendencias de la sociedad. Y eso es todo un trabajo.
Ensimismamiento. Quien vive centrado en sí mismo es incapaz de distinguir los valores de lo humano. Los valores no se logran por uno mismo, son siempre un don compartido con los demás.
Autoengaño. Este es nuestro gran mal hoy en día. Para poder identificar valores tienes que militar en la atención, tienes que practicar un examen sincero y detallado de tu vida.

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