[ERNESTO GONZÁLEZ] CONVERSEMOS UN RATO (LIBRO DIGITAL GRATUITO PDF)

“Conversemos un rato”, tiene como propósito lograr en el público fundamentalmente reflexiones de los hechos o temas que se abordan, que se mueven en el campo de la educación, en lo social, ideas que se plasman a partir de experiencias personales a lo largo de más de 40 años, en diferentes centros educativos de la enseñanza media y superior, ministerios o secretarías de educación, organizaciones no gubernamentales, en proyectos de la Comunidad Europea y Centroamericanos.

Por último, y no menos importante corresponden a los sitios que lo respaldan Web del maestro CMF y El Siglo 21 reconocido periódico digital guatemalteco, a los cuales agradezco la oportunidad de sacar a la luz este proyecto.
Espero que sea de su agrado ¡Conversemos un rato!, muchas gracias.

NOTA DE REDACCIÓN:
Agradecemos al Licenciado Ernesto González, su vehemencia educativa que se trasluce en cada artículo que escribe y que comunica el cariño por una vocación única y trascendente, como es la de todos los educadores. Sus mensajes van en la línea de animarnos a consolidar “a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma. [que] Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común” (GE1).
MATERIAL DE DESCARGA:
¡Comparte y así más docentes utilizarán estos recursos gratis! Muchas gracias.
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Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico: eglezvaldes@gmail.com
Cuenta de twitter: @gonzlez_ernesto

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[ERNESTO GONZÁLEZ] LA MATEMÁTICA, ¿UN HORROR?

¿Sabías qué? las matemáticas organizan el mundo que nos rodea y están presentes en la mayoría de actividades cotidianas: desde servir una taza de café, ir a comprar algunas libras de frijoles, recorrer la distancia diaria hasta la escuela o poner la mesa para seis comensales.
Nuestro hogar, el jardín o la terraza, la calle, el vecindario, el parque son espacios factibles de ser investigados, analizados, descritos, observados desde una óptica matemática. Depende de nosotros como padres y madres que seamos más o menos sensibles a plantear preguntas que conduzcan a nuestros hijos de manera que miren a su alrededor de otro modo.

Para ello necesitaremos darnos cuenta de que las matemáticas surgen de la experimentación con objetos reales y que debe ser a través de ellos que nuestros hijos hagan muchos de los descubrimientos que le llevarán a una comprensión más profunda del medio en el que vive, a la vez que le permitirá descubrir las matemáticas como lo que son: una herramienta imprescindible en la vida de todas las culturas.
Si bien los mayores curiosos son nuestros hijos e hijas (patojos) los cuales observan las formas de los objetos, aprecia las texturas con su boca, descubre cómo hay objetos que se desplazan rodando o saltando o rompiéndose en mil pedazos. Su curiosidad no tiene límites. Su necesidad de conocer, de descubrir, de interpretar el mágico y fascinante mundo en el que vive, le lleva a probar, errar y repetir, de forma incansable. Y esos son los requisitos previos de todo científico en ciernes. ¿Cuándo empieza el problema entonces, con la matemática? Cuando ellos y ellas se enfrentan al aprendizaje abstracto (¿abstracto?: algo no concreto, que no tiene realidad propia), por ejemplo: Los números separados de las cantidades, cuando usted menciona el número 5, surge la interrogante ¿5 qué? Si le adiciona al 5, la palabra metros, ya su mente hace una relación de una unidad de medida: el metro.

¿Por qué – aunque no conozcamos al detalle los artificios de las matemáticas – plantearles a nuestros hijos, ejercicios que “suavicen” la comprensión de esta ciencia? Por ejemplo: Al preparar la mesa para la cena, siendo el núcleo familiar de 4 personas, ¿cuántas cucharas, tenedores, vasos, servilletas, platos se necesitarían? ¿Qué cantidad de objetos se requirieron al final?
¿Un ejemplo posiblemente más difícil? Adquiera una pizza y permita que su hijo calcule primero los pedazos que se necesitarán y que haga un cálculo de cómo deberá dividir la misma para la repartición sea igual entre los comensales participantes, recibiendo su parte proporcional. ¿Qué parte de la matemática aplicó? ¡El uso de las fracciones!
Y como los ejemplos anteriores, ¡hay cientos!, Lo cual demuestra que, de pensar un poquito, donde poner en práctica nuestra propia vida diaria, en función de los números, lograremos que nuestros hijos e hijas, estudiantes experimenten vivencialmente esta asignatura que, en el caso de no ser comprendida, puede dar problemas a lo largo de toda la escolarización, resultando además frustrante para padres e hijos. La vida diaria nos ofrece constantemente oportunidades de aprendizaje e investigación que, convenientemente aprovechadas, crearán en nuestro hogar y nuestra familia un ambiente de descubrimiento que favorecerá de manera directa e indirecta la escolarización de nuestros hijos. ¿Se le ocurre algo de qué ejemplo ponerles a sus hijos/as nietos/as al llegar a casa? ¡Piénselo!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico: eglezvaldes@gmail.com
Cuenta de twitter: @gonzlez_ernesto

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[ERNESTO GONZÁLEZ] ¿INQUIETO O HIPERACTIVO?

No deja de moverse en la silla, tarda una eternidad en hacer los deberes, se distrae por tonterías, he de estar constantemente a su lado, he de repetir la misma orden cinco veces para que obedezca (si es que obedece) … ¿te suenan estas quejas? La mayoría de padres y madres las hemos sufrido en nuestra piel más de una vez y, sin embargo, no todos nosotros consideramos a nuestros hijos hiperactivos.
¿Qué tiene mi hijo realmente de hiperactivo? ¿Puede ser que sencillamente sea un niño inquieto y curioso? ¿Es posible que yo no sepa adaptarme a su ritmo de aprendizaje y por eso su conducta sea tan nerviosa? La hiperactividad es una palabra muy seria que no debe pronunciarse con frivolidad: ¡los niños muy movidos pueden no ser hiperactivos!

La proliferación excesiva de niños ”llamados” hiperactivos ha puesto de actualidad una preocupación importante de padres y educadores sobre este tema, de tal manera que un trastorno como es la hiperactividad se ha socializado y se ha convertido en un tema de fácil valoración. ¿Por qué se preguntará? Cada vez tendemos a soportar menos la conducta irregular.
Más que definir una entidad clínica, cuando a veces hablamos de que un niño es hiperactivo hablamos de nuestro estado anímico personal, de lo que nos cuesta soportar al hijo inquieto que llama constantemente la atención o al alumno que nos obliga a dedicarle más tiempo. Los padres en general no estamos preparados para contener un hijo inquieto. Los horarios laborales, lo poco tolerante a la conducta desobediente fomenta en muchos casos una ruptura emotiva de las relaciones padres-hijos, creando un círculo vicioso de nervios e irritación que refuerza precisamente las conductas que queremos evitar.

¿Y en la escuela? No siempre la escuela responde a las necesidades educativas y de crecimiento de los alumnos, por ejemplo, aulas donde la cantidad de alumnos es excesiva, a lo anterior se suma la no adecuada importancia a la vivencia, experimentación y tiempo de descubrimiento donde el alumno sea el objetivo y no los contenidos. ¿Qué comportamiento adquieren los estudiantes? Se cansan, se aburren y una forma de manifestarlo sobre todo en edades tempranas (hasta los 8 años) es moverse, distraerse y llamar la atención.
Ser inquieto es una situación muy corriente que solo nos dice que existe un exceso de movimiento, diferente del fenómeno hiperactivo, que es una entidad clínica, un trastorno grave, con múltiples repercusiones en todos los ámbitos donde se mueve el niño. Hay quienes equivocadamente recurren para tratar de contrarrestar esa superactividad a medicamentos, tras la visita a especialistas de la salud, donde dan “su versión” del niño hiperactivo y no de simplemente ser una persona inquieta, cuando realmente el problema proviene o está en la propia casa, y se refuerza tal vez en la escuela. Medicar posiblemente no sea la solución adecuada, peor cuando sin conocimientos sólidos ni especializados, pues simplemente los padres automedicamos. Quizás deberíamos reflexionar más sobre las dificultades para educar en el día a día, la falta de pautas claras en la educación familiar, la pérdida de valores en la formación académica antes que proyectar sobre los niños nuestro propio cansancio o ignorancia. ¿Conoce a alguien con esta problemática? Le agradecería que entonces que compartiese este artículo. ¡Y muy amable de su parte!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico: eglezvaldes@gmail.com
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[ERNESTO GONZALEZ] ¡AH, LA PACIENCIA!

Hija, ¡apuráte que se te va el bus! Una y otra vez… y nada. Sin embargo en el momento exacto, en el tiempo justo, sale y como una carrera de relevo llegando a la esquina de la casa, aparece el transporte amarillo (quién sabe por qué de ese color) abre la puerta, entra ella, cierra la puerta y una mano que se despide, con una sonrisa ¿de burla?, ¿de cariño? Nadie sabe, ya que la escena se repite uno y otro día, excepto cuando va a una fiesta con sus amigas, se alista en un dos por tres (exagerado se demoras más, mujer al fin y al cabo)  más aprisa de lo normal y… se va a la fiesta.

¿Pudiéramos pensar que la actual juventud es así? No lo creo, aunque posiblemente me haya tocado la excepción, como relataba en el primer párrafo, pero a veces la paciencia (o impaciencia) viene derivada por tomar las cosas al “suave”. En muchas ocasiones, reiteradas, vemos actividades públicas, privadas que comienzan tranquilamente una o dos horas después y obviamente ¿quién puede mantener paciencia, ante la pérdida increíble de tiempo?, enfatizado por la frase: “El tiempo es oro”, atribuida a Edward George Bulwer-Lytton,  sumándole a ésta, la señalada por Benjamín Franklin: “si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”.
La problemática se centrará, en ¿“acostumbrarnos a esperar”?, ¿en convertirse en una cultura?, ¿en no transmitir a nuestros hijos el valor de ser pacientes, pero también puntuales?, ¿en exigirse a sí mismo y al resto de las personas de su entorno? Es cierto que debemos tomar las cosas con calma (ojo con el infarto), pero una persona responsable, debe cumplir en tiempo y forma con lo acordado, con sus compromisos: estudios, realización de las tareas en casa, cumplir con los deberes del hogar. Pero también el factor paciencia va estrechamente ligado a no confundir una actitud pacífica y tolerante con la pasividad, la sumisión y el temor.

Una calificación incorrecta ante una evaluación realizada y otorgada por un docente, debe ser reclamada de forma correcta, sin tener temor a su solicitud, siempre que sea de la forma más respetuosa. ¿Cómo lograr el ser lo debidamente paciente, sin caer en el extremo de ser irresponsables e incumplir? Se requiere de un serio trabajo personal dirigido a balancear nuestras emociones y a relajar y soltar las tensiones y el estrés que nos producen las ocupaciones de la vida diaria, por ejemplo: considerar todos los aspectos involucrados, preguntarte qué puedes hacer para cambiarla, si la respuesta es positiva o hacer lo necesario para mejorarla; y si es negativa, trabajar la aceptación para que no te desequilibre.
En ocasiones esperamos más de lo que los demás nos pueden dar, lo que nos hace correr el riesgo de dañar nuestras relaciones con ellos. Otras veces nos exigimos demasiado. ¿Fórmula? Ser paciente y tomar el tiempo para descansar y recuperar la energía y la claridad que necesitamos. Sólo una persona madura emocionalmente, consciente y equilibrada puede hacer uso de una actitud paciente en el momento en que lo considere necesario. ¡Cuánta paciencia debemos tener los padres!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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