10 CUALIDADES ESENCIALES Y 7 CARACTERÍSTICAS QUE DIFERENCIAN A UN BUEN MAESTRO

Ser maestro no significa únicamente graduarte, tener un salón y un grupo de niños, implica muchos más que eso.
Ser educador implica tener un gran don y un grupo de cualidades necesarias para lograr educar, sin embargo, no todos suelen tenerlas.

Los maestros tienen impactos en la vida de los estudiantes y cuando se tienen esas habilidades y esas cualidades, podemos lograr motivar e inspirar a nuestros estudiantes a construir y alcanzar sus sueños, formando a entes integrales, responsables y capaces de impactar a nuestra sociedad y formar un mejor futuro.
Las 10 cualidades esenciales del buen maestro
Ser un buen docente es el resultado de una combinación de cualidades, pero hay rasgos comunes que comparten todos los que se dedican a la enseñanza. Descubre los 10 principales.
¿Cuáles son las cualidades que más se valoran en un buen docente? Ellos suelen ser una combinación de cientos de cualidades diferentes que les permiten realizar su trabajo efectivamente. No puede negarse que todos los educadores tienen su única mezcla de aptitudes. Cada docente es diferente, pero virtualmente todos los buenos tienen estas siguientes 10 cualidades:
1. Es responsable
Aquí la responsabilidad implica que te atienes a las mismas expectativas y estándares que exiges a tus alumnos. Debes ser justo e igualitario. Por ejemplo, si no permites a los alumnos comer chicle, tú tampoco debes hacerlo.
2. Es flexible
La flexibilidad implica que ante una situación especial o problema eres capaz de hacer cambios en las lecciones o actividades en el momento. Debes poder cambiar. Si la mitad de los alumnos no comprenden un concepto, no puedes continuar sin encontrar una mejor explicación para que entiendan.
3. Se preocupa
Debes realizar tu mayor esfuerzo para asegurarte que todos los estudiantes sean exitosos, debes conocer sus personalidades e intereses, y poder incorporar esos componentes para conectar individualmente con cada uno.
4. Es compasivo
Es fundamental que puedas reconocer que tus estudiantes tienen problemas fuera de la escuela y hagas los cambios necesarios para ayudar a resolverlos y superarlos.
5. Es cooperativo
La cooperación es clave para trabajar efectivamente con administrativos, otros docentes y los padres de los alumnos. Debes ser capaz de crear vínculos con otros aunque no siempre te agraden.
6. Es creativo
Un buen docente debe ser capaz de crear lecciones que atraigan la atención de sus alumnos y los incentive a continuar viniendo a clase. Las lecciones únicas, cautivantes y dinámicas surgen un buen efecto en las clases siempre.
7. Es dedicado
La dedicación implica ir todos los días a clase y pasar el tiempo necesario para que los alumnos reciban la mejor educación posible. Es común que los educadores lleguen temprano y se vayan tarde, e incluso trabajen parte de su fin de semana para asegurar buenas lecciones.
8. Es decidido
Encontrar los medios necesarios para lograr conectar con todos los estudiantes sin importar el desafío que se plantee, define a un buen docente. Deben estar dispuestos a hacerlo todo para asegurar que los estudiantes reciban la formación que necesitan.
9. Es empático
Un buen educador debe poder reconocer y empatizar con las luchas de los estudiantes, aunque no puedan relacionarse personalmente con ellas. Tiene que tratar de ponerse en el lugar de sus estudiantes y ver las cosas desde su perspectiva suele ser esencial para ayudar al alumno a triunfar.
10. Es cautivador
La habilidad de atraer la atención en un aula llena de alumnos, y ser capaz de mantenerla por tiempo prolongado es muy difícil, por lo que es necesario que el docente cree lecciones divertidas, frescas y energéticas, dejarlos queriendo más y motivados a continuar viniendo a clase.
7 características que diferencian a un buen maestro
Conoce qué actitudes y características identifican a los profesores sobresalientes.

Todos hemos conocido a algún docente que marcó nuestra experiencia académica de alguna manera, pero ¿qué lo separó del resto? ¿Qué característica de su labor o personalidad hizo que dejara una huella tan profunda en sus estudiantes? En esta nota, compartimos 7 conductas y rasgos de la personalidad que identifican a los docentes sobresalientes:
1. Buscan superarse a sí mismos y adquirir nuevas herramientas
Como todo buen profesional, un docente dedicado a su trabajo busca constantemente maneras de perfeccionar sus habilidades, explorar nuevas herramientas y aprender más y más hasta convertirse en un experto en su materia. Nunca se dejan vencer por el orgullo ni sienten que son demasiado buenos para escuchar recomendaciones, buscar mentores ni seguir avanzando.
2. Tienen una actitud positiva y aman su trabajo
Los docentes que aman su trabajo son fáciles de reconocer, ya que transmiten una sensación de vitalidad y energía positivaen sus clases. A menudo también cuentan con un sentido del humor y un ingenio que motiva a sus estudiantes a aprender con ellos, sin importar lo “dura” o “aburrida” que pueda ser la asignatura.
3. Saben escuchar a sus estudiantes y se adaptan a sus necesidades
Los grandes docentes saben cuándo escuchar a sus estudiantes y cuándo brindarles apoyo emocional. No obstante, también tienen la intuición necesaria para saber cuándo ignorarlos y seguir con su instinto, ya que son conscientes de la utilidad de lo que están enseñando y su forma de hacerlo.
Además, entienden que el ambiente de clase es uno dinámico, por lo que no siempre se puede seguir todo al pie de la letra. Los docentes exitosos saben adaptar sus planes y lecciones para involucrar más a sus estudiantes.
4. Tienen claros sus objetivos
Los docentes sobresalientes tienen claro lo que quieren para sus estudiantes, y por eso trabajan de forma consistente a pesar de las dificultades. Tampoco esperan resultados inmediatos ni gratificación instantánea: saben que sus esfuerzos darán frutos al final.
5. No le temen al cambio
Impartir un curso monótono y uniforme es un antídoto contra la motivación de los estudiantes. Los buenos docentes conocen el valor del cambio, la innovación y la sorpresa a la hora de infundir vitalidad y emoción en sus lecciones. No temen experimentar con nuevos recursos, arriesgarse ni salirse un poco de la norma para alcanzar sus metas.
6. Saben comunicarse y trabajar con las familias
Dependiendo del nivel educativo, gran parte del trabajo docente ocurre fuera del aula, en la comunicación con los padres y familias de los estudiantes. Para que el alumno tenga éxito, es esencial que los profesores puedan trabajar en colaboración con ellas y que siempre se mantenga un canal de comunicación franco y abierto. Esto no quiere decir que siempre se haga lo que los padres quieran o recomienden, ya que el buen docente conoce lo que es mejor para sus estudiantes.
7. Confían en sus estudiantes
Un gran docente cree sinceramente en que sus alumnos son capaces de llegar al éxito y les exige de forma acorde. Esto no quiere decir que los errores sean vistos como un fracaso, sino que tiene la confianza suficiente como para motivarlos a superarlos y siempre llegar a más.
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EL MAESTRO ESTÁ TRANSFORMANDO, EN MUCHOS CASOS QUIZÁ PARA SIEMPRE, EL CEREBRO DEL NIÑO

De ahí la enorme responsabilidad del enseñar. De ahí la enorme trascendencia para una sociedad, que tiene que determinar y seleccionar muy cuidadosamente quienes van a ser maestros y profesores.
La entrevista a Francisco Mora, que compartimos únicamente con fines educativos – pastorales. Ha sido publicada por el Blog EL EMOTIONAL , y nos ilustra sobre “Solo se puede enseñar a través de la alegría”.
¿Cree Usted que “el cerebro no está diseñado para que seamos felices? ¿Es la educación lúdica un disfraz del aprendizaje?

Francisco Mora Teruel: “Solo se puede enseñar a través de la alegría”
Nos detenemos a hablar de neuroeducación y de la emoción como base del aprendizaje con Francisco Mora Teruel, doctor en Medicina, doctor en Neurociencias y catedrático de Fisiología Humana. Y lo hacemos a partir de la lectura de su libro Neuroeducación, solo se puede aprender aquello que se ama. “La emoción es el vehículo que transporta las palabras y su significado”, nos cuenta en esta entrevista.
Solo se puede enseñar a través de la alegría”. ¡Qué gran frase!
La alegría es un sentimiento positivo del ánimo que nadie duda lleva siempre a hacer cosas. Despierta la curiosidad. Focaliza la atención. Asocia eventos y sucesos y el individuo aprende fácil. El sustrato último de esa alegría es la emoción encendida.
Los niños de temprana edad serían más felices y aprenderían más al aire libre que en las aulas, dice usted en el libro
El cerebro posee códigos tempranos de funcionamiento (sin duda, recapitulación del proceso evolutivo) que, en esos primeros años, se activan con lo sensorial directo y real del mundo, y no con ideas o abstractos. Es decir, se activan principalmente con la sensación y la percepción de lo real. Y las sensaciones, como por ejemplo qué es una hoja, y sus colores, sus tamaños, sus formas, su textura, sus detalles y olores, su crepitar diferente cuando se rompen… son lo que el niño mejor aprende y graba teniendo él mismo la realidad de la hoja en sus manos. Es más, para que el niño aprenda bien qué es una hoja, hay que enseñarle el árbol o arbusto real del que procede. Y el color, no de esa hoja aislada, sino del color y el movimiento que adquiere cuando esta en lo frondoso del árbol. Aprendiendo y viviendo de ello el género homo ha sobrevivido millones de años. Y así se han grabado esos códigos de supervivencia cuyo valor ahora esta en reconocerlos y hacerlos funcionar cuando su actividad asoma temprana en el niño en los primeros años. Y todo eso no se encuentra en las aulas, en las guarderías, sino en el campo y las montañas. ¡Y pensar que hay niños en las grandes ciudades que nunca han visto una vaca real y solo una vaca digital…!
Y finalmente, permítame decirle, que después se construyen de forma sólida, y con otros códigos cerebrales, los conceptos, esos elementos base del gran edificio que es el pensamiento humano. Y esto sí se enseña y se aprende en el aula.
Nos habla un poco del cerebro emocional y de su funcionamiento.La emoción como base del aprendizaje es una de las ideas que recalca. Seguro que esto lo experimentan cada día los profesionales de la enseñanza cuando son ellos mismos los que se emocionan enseñando.
Sí, considero la emoción como el epicentro de toda enseñanza. La emoción es el vehículo que transporta las palabras y su significado. Sin emoción no hay significado, y sin significado no se puede aprender nada (y por significado se entiende aquí placer o dolor, recompensa o castigo). Y es esa emoción que, si se maneja adecuadamente, hace despertar la curiosidad y la atención. Y con ello, el entendimiento apropiado de esas palabras. Y eso vale tanto para las humanidades como para las ciencias y matemáticas incluidas, por supuesto.

El cerebro emocional está situado estratégicamente entre las áreas de procesamiento de toda información sensorial (cuando vemos una rosa) (áreas sensoriales de la corteza cerebral) y el procesamiento de esa información hasta sus mas altos niveles abstractos (cuando elaboramos cognitivamente la idea de rosa o manzana mas allá de la forma, el color, la textura o el olor que tienen) (áreas de asociación de la corteza cerebral). Todo esto quiere decir que toda información sensorial es procesada por el cerebro emocional antes de su elaboración por el cerebro cognitivo. Cuando se contempla una rosa, o cogemos una manzana, o desciframos una formulación matemática, todos los elementos que maneja nuestro cerebro para realizar sus operaciones, esos elementos que llamamos abstractos, ideas, o conceptos, ya se encuentran bañados de emoción, de bueno o de malo, de significado en definitiva aun cuando sea de forma inconsciente. En esencia somos seres emocionales.
¿Qué conceptos básicos de neuroeducación tendría que tener aprendidos cualquier persona que se dedique a la enseñanza?
Permítame que aquí solo destaque la idea principal. Y es la idea que conduce a hacer consciente al maestro y al profesor que su enseñanza cambia la física y la química del cerebro del que aprende. Y esto se múltipla por millones cuando ese maestro enseña a niños de pocos años. El maestro está transformando, en muchos casos quizá para siempre, el cerebro del niño. De ahí la enorme responsabilidad del enseñante. De ahí la enorme trascendencia para una sociedad, que tiene que determinar y seleccionar muy cuidadosamente quienes van a ser maestros y profesores.
¿Qué deberíamos conocer de neuroeducación como padres?¿Cómo se podría implementar esta figura de asesor en neuroeducación de la que habla en el libro, que sirva de puente entre los conocimientos en esta área y los profesionales de la enseñanza?
Está todo por elaborar. Pero entiendo que el neuroeducador podría ser una nueva figura en los colegios que sirviera para encauzar solución a problemas que surgen en los niños en los colegios, sea autismo, dislexia, discalculia, lesiones cerebrales sutiles que dificulten el aprendizaje. Y desde luego a instaurar e implementar una mejor enseñanza basada en los conocimientos actuales sobre cómo funciona el cerebro.
Los padres pueden detectar de modo muy temprano, es decir, en los primeros años de vida del niño, algún déficit, siquiera sutil y casi no detectable en la guardería o el colegio. Esos años son clave para realizar intervenciones tempranas y poder solucionar de modo efectivo el problema. Y los padres en la intimidad de la familia son clave en estas primeras etapas.
¿De qué forma surgió su interés por la neuroeducación?
Llevo muchos años estudiando el cerebro. Y enseñando en la Universidad y particularmente, en Medicina, el funcionamiento del sistema nervioso central. En los últimos diez años la Neurociencia cognitiva ha dado un vuelco en lo que se refiere a entender mejor los mecanismos neuronales sustrato del aprendizaje y la enseñanza y los muchos factores que la influencian. He pensado que era ya el momento maduro de decir algo sobre ello.
¿Es feliz enseñando, ya sea en el aula o poniendo sus conocimientos en un libro?
Sí, lo soy. Y ese sentirme “feliz” lo promueve, fundamentalmente, el sentimiento de que puedo estar ayudando a la gente.
Muchas gracias.
Este contenido ha sido publicado originalmente por El Emotional en la siguiente dirección: elemotional.com | Autor: Sónia Marquès Camps
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CADA DOCENTE DEJA UNA HUELLA PERSONAL EN EL ESTUDIANTE

Cada día admiro más el tiempo y el interés que los educadores, padres de familia y profesores, amigos de la Web del Maestro CMF, dedican a su formación permanente. De su apertura por estar al corriente, investigar y celebrar otras experiencias educativas, no para copiar, calcar o reproducir, sino para conocer ese camino formativo, pedagógico y analizar qué les puede ser útil.
Ya Voltaire, uno de los principales representantes de la Ilustración dijo: “Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás“. Gracias por animarnos a seguir apoyando el crecimiento y consolidación de la calidad humana y profesional de los educadores.

La sociedad, y cada uno de nosotros, sabemos que necesitamos profesores que, a pesar de las sobrecargas laborales y el desaliento que puede causar el no ser valorados y motivados por una sociedad que no ha aprendido a ser agradecida con sus profesores (o no ha sido enseñada a ser grata), luchan “contracorriente” y “hacen de tripas corazón”. Desean ser felices en su tarea docente. Saben que “el éxito depende del esfuerzo” (Sófocles), y que la permanencia, perseverancia y persistencia, en las aulas y en las escuelas, “a pesar de todos los obstáculos, desalientos e imposibilidades: es eso lo que distingue las almas fuertes de las débiles” (Thomas Carlyle). Sólo los profesores por vocación, felices entusiasmados y motivados revisan y actualizan sus conocimientos, y no se quedan en los libros y prácticas de la formación inicial docente. Crecen día a día en su vocación y saben de su importante labor social.

De la primera experiencia en el aula (a solas o quizá luego de la presentación de rigor), de la emoción, la alegría y del entusiasmo de saberse “solo en el ruedo”, depende mucho el futuro para vencer los retos de ser profesor(a). Cada día al ingresar a clases, el(la) profesor(a) siente la exigencia de elegir las mejores y más apropiadas decisiones, el cómo hacer realidad el enseñar a aprender con los conceptos explicados, el cómo inventar nuevas dinámicas ante el reto de una mayor participación e interacción con sus estudiantes reales y en esa concreta comunidad educativa. “Un hombre sabio construirá más oportunidades de las que encuentra”, nos dijo el célebre filósofo inglés Francis Bacon.

El profesor descubre, en el día a día, que no solamente debe motivar a sus estudiantes para despertar interés hacia un nuevo aprendizaje, sino que va más allá, también siente la necesidad de conocerlos y conocer su entorno familiar. Hipólito Gonzales sostiene que “con mucha frecuencia el docente sabe (teóricamente) lo que son los impulsos didácticos, y estímulos que dé ánimo al aprendiz en la escuela; de incorporarse a los procesos de aprendizajes sin perjuicio ni prejuicios, haciendo posible a que el niño deje y/o se olvide de sus problemas, inquietudes personales (hambre, apetito, falta de material escolar, tareas en casa, etc.) y que a menudo suele presentarse, cuando estamos hablando de un contexto escolar del área rural con dificultades económicas principalmente. Y para salir de ello, el papel del docente es y será una tarea ineludible en conocer la realidad misma del contexto donde dará su tino didáctico con profesionalidad y por qué no decirlo aplicará una acción de ingeniería humana y/o de talentos. […] El rol del docente tiene que imprimir un tacto pedagógico en no herir a nadie, todos hemos aprendido yo también; será la voz del maestro, para respetar la diferencia y despojar la discriminación. El papel del docente en este sentido es de vital importancia, ya que por medio de sus actitudes, comportamientos y desempeño dentro del aula podrá motivar a los alumnos a construir su aprendizaje dialogando, en colaboración y en colectivo”.
“En contra de lo que pensamos, con las nuevas formas de divulgación en educación y con todas las posibilidades que poseen los estudiantes de adquirir conocimientos, hoy más que nunca somos indispensables en el proceso de enseñanza, dada la pérdida del interés en aprender, la pérdida de valores, la pereza intelectual y el logro facilista de las metas, nos obligan a que replanteemos seriamente nuestro modelo educativo, que hoy, me atrevo a afirmar, sigue siendo repetitivo y memorístico, muchas veces aburrido y poco interesante para el estudiante”, sostiene a profesora Margarita Gómez Parra, docente en Municipio de Fusagasuga en Colombia. ¿Qué hacer para no anquilosarse después de salir de la formación inicial docente? No olvidar y tener presente (entre otras opciones), que la “educación es formar al ser humano para el cambio permanente y aún para la eventual crisis producto de la transición”, nos dice el educador español, Miguel Ángel Escotet, ex Decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Texas (USA).

Todo lo anterior no es un conjunto de buenas intenciones, fantasías, ejemplos o desafíos fugaces, sino la consecuencia de saber que el buen profesor siente la exigencia inexcusable de su actualización permanente, saber que “no es lo que hacemos de vez en cuando lo que da forma a nuestra vida, sino lo que hacemos consistentemente”, como dice el orador motivacional estadounidense Anthony Robbins. Por eso es que nos alegramos de Ustedes, que aprovechan los diversos o escasos recursos tecnológicos a su alcance, para mejorar su servicio educativo, y en especial, nuestros respetos y reconocimiento a aquellos que son los animadores en cada comunidad educativa.
Marta Gil, subdirectora del colegio británico Caxton College de Valencia (España), considera muy importante no sólo tener los mejores profesores, sino también planificar el cómo saber retenerlos, con un “ambiente de trabajo cómodo y respetuoso en el que se instale el compañerismo, el reconocimiento, la confianza y el trabajo en equipo”, para tener el espíritu de pertenencia no de “jornalero”. ¿Difícil? ¿Imposible? ¿Utópico? Entonces soñemos “con los ojos abiertos y mirando al sol” (cf Papa Francisco, 01/10/2017).
Si somos de esos buenos maestros, sabremos adaptarnos y perfeccionar nuestra tarea, cada vez más apoyada por la era digital, y nos empaparemos del conocimiento y análisis de las nuevas propuestas para impartir clases más atractivas, que ayuden a nuestros alumnos a alcanzar el éxito académico y su formación integral.
Sabiendo de su buena voluntad y predisposición a seguir actualizándose, nos permitimos aconsejarles el leer y reflexionar, solos o en grupo, estas doce destrezas que Marta Gil cree que debemos adquirir e incorporarlas a nuestra dinámica de trabajo en las aulas:

Capacidad de fomentar en el estudiante un pensamiento crítico y divergente.
Maestría para dotar al estudiante de un carácter investigador y reflexivo.
Habilidades para aplicar la gamificación en las aulas.
Conocimiento activo y eficaz de las nuevas tecnologías de la información destinadas a sus asignaturas.
Cualidades creativas e innovadoras que acerquen sus asignaturas a la realidad cotidiana.
Experiencia para diseñar sus propios recursos didácticos organizando clases bidireccionales donde los estudiantes, de manera colaborativa, interactúen y formen parte del proceso de formación.
Técnicas para que los estudiantes sean productores de contenidos y trabajen por proyectos educativos interdisciplinares.
Competencia para utilizar el error como fuente de aprendizaje.
Cualidades para impulsar la autonomía e independencia del estudiante.
Aptitudes afectivas para promover relaciones empáticas con el estudiante.
Solvencia para combinar la educación emocional y cognitiva.
Mostrar un compromiso ético y un modelo de conducta ejemplarizante.

Si desea ampliar su conocimiento en la experiencia del Caxton College y la propuesta de Marta Gil, les invitamos a leer la publicación de ABC de la Comunidad Valenciana (España): LA MEJOR HERRAMIENTA EDUCATIVA PARA EL SIGLO XXI.

Gracias por su trascendental tarea docente, gracias por buscar esos cortos tiempos para actualizarse, gracias por estar convencidos y motivados a seguir aprendiendo, porque sienten y viven que su tarea docente no tiene que ser grande para comenzar, pero si tiene que ser amada y apasionadamente vivida para ser grande, a pesar de las dificultades. La vocación docente es un continuo devenir, un hacer que cada día sea diferente, porque “allí radica gran parte de este nuevo cambio que debemos empezar a implementar”, en nuestra formación permanente; porque -parangonando al escritor norteamericano David Thoreau- estamos seguros que lo que conseguimos con el logro de nuestras metas no es tan importante como en lo que nos convierten esos logros. Confiamos en que, en un día muy cercano, se valorará o revalorará la tarea docente, como el factor principal y determinante del desarrollo de la humanidad y el progreso de los pueblos.
“Con qué facilidad las grandes reformas educativas exigen a los profesores mayores sacrificios en nombre de la calidad educativa y el prestigio institucional” (Margarita Gómez Parra).
REDACCIÓN WEB DEL MAESTRO CMF
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