PROYECTO EDUCATIVO PARA QUE LOS ESTUDIANTES REGULEN SUS EMOCIONES

El presente trabajo “Aprendiendo a Sentir: Proyecto sobre las emociones” que compartimos con fines educativos – pastorales fue elaborado por la profesora Rosa Ortega-Villaizán Abad y publicado en la plataforma de la Universidad Internacional de La Rioja Facultad de Educación.

El siguiente proyecto se revisaron los principales modelos teóricos sobre la Educación Emocional. Se analizó la legislación estatal y autonómica, y distintas metodologías para trabajar las emociones. En segundo lugar se elaboró el proyecto, que consta de 12 actividades en las que a partir de la dramatización se trabajan las emociones básicas de alegría, tristeza miedo y enfado, ira, celos, culpa y asco. Las actividades se trabajan en el aula Aprendiendo a Sentir, donde el espacio está distribuido para trabajar cada emoción. Se espera que la compresión y gestión de las emociones repercuta directamente en las habilidades sociales consiguiendo un mejor clima en el aula y por consiguiente en la escuela.
Aprendiendo a Sentir: Proyecto sobre las emociones
Cuando se habla de emoción se hace referencia a la reacción que una persona experimenta a partir de un estímulo. Las emociones son universales, y representan un complejo mundo en el que se incluyen tanto emociones positivas, como por ejemplo, la alegría, la felicidad, el amor, o emociones negativas como la ira, el miedo, la tristeza, la ansiedad. Éstas están presentes en la vida de la persona desde que nace y desempeñan una función relevante en la formación de la personalidad (López, 2005).
El no reconocer, asimilar y regular las propias emociones y las de los demás tiene connotaciones negativas entre las que se pueden destacar: desórdenes alimentarios como la anorexia o la bulimia, u otros problemas aún más graves como el consumo de drogas o el suicidio. Aspectos que señalan la importancia y necesidad de trabajar las emociones no sólo en el ámbito familiar, sino también en el ámbito escolar desde edades tempranas. Por tanto, las escuelas deben enseñar habilidades sociales y emocionales (Navarro, 2006).
Tal y como señalan distintos estudios y autores (López, 2005; Navarro, 2006), las habilidades sociales y emocionales son imprescindibles para el total desarrollo de las personas. Educar las emociones facilita la adquisición de un espíritu crítico, la resolución de conflictos de manera pacífica, el implicarse en las tareas, la cultura del esfuerzo… Además, la adquisición de habilidades socioemocionales ayudará a los alumnos a trabajar de manera cooperativa tanto en la escuela, como en su trabajo en la edad adulta. (Navarro, 2006).
Los niños poseen multitud de sentimientos y emociones que necesitan expresar y manifestar, pero en muchas ocasiones no son capaces de comprender qué es lo que sienten, por qué lo están sintiendo y cuál es la mejor manera de actuar. Por ello desde la Educación Infantil debe trabajarse el correcto desarrollo de la Inteligencia Emocional (Cruz, 2014). Pues como señala Goleman (2016), la inteligencia emocional se relaciona directamente con la capacidad de identificar las emociones y las de los demás. Además cuando una persona es consciente de sus emociones se potencia su inteligencia (Salguero, 2011).

Caruana y Tercero (2011) indican que se debe empezar a trabajar con los niños y niñas de Educación Infantil porque es cuando estos toman conciencia de sí mismos. A esta edad también el niño ya es capaz de imitar a través del juego simbólico consiguiendo ser más sociables, cada vez más autónomos y a la vez curiosos. Por tanto, en este momento es necesario que conozcan sus emociones y cuáles son las consecuencias de las mismas. Surge por tanto la necesidad de adquirir habilidades que les permitan controlar aquellos sentimientos que les irritan o les ponen agresivos, pero a la vez también deben ser conscientes de los sentimientos que motivan la capacidad de adaptación o la de resolver conflictos. La empatía, la cordialidad, el respeto favorecen una mejor convivencia y como consecuencia es necesario fomentarla en el aula (Gálvez, 2000).
Además, como afirma Bisquerra (2003), la educación emocional no se debe transmitir únicamente de manera transversal, sino que se deben tratar las emociones tanto de manera práctica como teórica, dándole así una mayor relevancia al ámbito emocional.
Así, Guil, Mestre, González y Foncubierta (2011) indican que los métodos utilizados para trabajar las emociones deberán tener en cuenta el juego y las actividades como la mejor manera de que los alumnos aprendan. A partir de agrupamientos flexibles, en pequeños grupos, en gran grupo o mediante actividades individuales.
A partir de todo lo expuesto parece clara la importancia de trabajar las emociones en el aula de infantil, y se justifica la necesidad de trabajos como el que aquí se presenta.
Para desarrollar este trabajo fin de grado, tras la revisión de diferentes estudios que se centran en las emociones se ha planteado el objetivo general y los objetivos específicos del trabajo de fin de grado. A continuación, se establece el marco teórico en el que se analiza la importancia de las emociones tanto a nivel personal como profesional. Por otro lado, se estudian los beneficios de una buena educación emocional. Además, se presentarán las nuevas metodologías para trabajar las emociones en las escuelas. A partir de este marco teórico se presenta una propuesta de proyecto didáctico cuyo objetivo es que los niños de P4 de Educación Infantil sean capaces de adquirir y gestionar las emociones y las habilidades sociales a través del juego, la dramatización y otras actividades. Para finalizar, se establecen las concusiones y consideraciones finales de este trabajo fin de grado.
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