JOSÉ ANTONIO MARINA: LA TERNURA ES FUNDAMENTAL, PERO SIN EXIGENCIA EL CEREBRO NO APRENDE

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina dice que se ha dedicado muchos años “a investigar sobre la inteligencia y los mecanismos de la creatividad, que se han traducido en numerosos libros y artículos acerca de Dios, la economía, la creación artística, la genealogía del derecho, los sentimientos o la Revolución Francesa, por ejemplo. […] La función principal de la inteligencia no es conocer sino alcanzar la felicidad y la dignidad”.
La entrevista (de cuatro puntuales preguntas) que compartimos, fue hecha por José Carlos Siegrist y está publicada en CRECER FELIZ de España, creemos que será de mucha utilidad. Lo hacemos con fines únicamente educativos – pastorales, y porque anteriormente hemos presentado el pensamiento de este ensayista que opina que las dificultades que enfrentan hoy los padres para educar a sus hijos, se debe a que “tienen que estar continuamente inventando porque los patrones con los que fueron educados no les sirven para educar a sus hijos, y eso les produce inseguridad y a veces impotencia”.

Debemos educar a nuestros hijos para que sepan enfrentarse a la vida

“Para educar bien a un niño necesitamos que desarrolle unos recursos fundamentales, que son los que le van a permitir enfrentarse a la vida en plena forma.”
José Carlos Siegrist

DE CARA AL FUTURO
La condición de filósofo y pedagogo de José Antonio Marina hace que sus respuestas sean didácticas, fundamentadas, cargadas de sentido y difíciles de condensar, porque no da puntada sin hilo.

¿Por qué hoy día nos resulta tan difícil educar a los hijos?
Porque la sociedad es más compleja. Antes educaban los padres y también la sociedad, que era muy coercitiva, muy jerárquica, con un sentido riguroso del deber… Ahora hay más libertad y tenemos más posibilidades, pero también grandes problemas. Los padres tienen que estar continuamente inventando porque los patrones con los que fueron educados no les sirven para educar a sus hijos, y eso les produce inseguridad y a veces impotencia, que es lo que yo he intentado remediar con esta universidad on-line.
¿Y qué guías podemos seguir?
No sabemos cómo será el mundo en el que vivirá el niño, así que para educarle bien necesitamos que desarrolle unos recursos fundamentales que le permitan enfrentarse en plena forma a lo que venga. Unos son recursos intelectuales: tiene que saber pensar bien y ha de adquirir conocimientos.
Otros son afectivos: es importante que tenga unos estilos de responder a las situaciones que sean buenos para su vida; es mejor que sea valiente a que sea cobarde, activo y no pasivo, que tenga empatía, que sea resistente a la frustración, seguro de sí mismo, alegre… Y todo esto, al menos en parte, sabemos que se puede educar. Otros son recursos volitivos: la voluntad es un hábito y hay que ayudarle a que la adquiera. Y otros son morales, porque la moral (ética, valores, bondad) es la buena solución a los problemas y la buena solución a la convivencia.
Suena muy interesante, ¿pero todo eso cómo se consigue?
Esa es la cuestión. Lo que yo intento en la UP y en mis libros sobre educación es pegarme al terreno, decir a los padres: “Mire, éste es el objetivo, vamos a ver qué métodos educativos dan mejor resultado con su hijo”. Porque ni todos los niños, ni todos los padres, ni todas las soluciones son iguales. Lo que queremos es desarrollar en los progenitores una cierta sabiduría educativa, para que conozcan unos principios generales y sepan aplicarlos a cada situación y momento. Y como se pueden apuntar desde muy prontito…

DESDE QUE NACEN
Hablando de los más pequeños, ¿cuando se les empieza a educar?
Desde que nacen. Lo que ocurre es que los padres tienen que saber qué recurso, qué parte de esa gran competencia que es la seguridad en sí mismo, deben fomentar en cada momento. Al principio la parte de seguridad básica deben darla los padres. El bebé ha de sentirse querido, cuidado, en un ambiente bien pautado… Necesita saber que el mundo es estable y acogedor. Y necesita adquirir unos rituales y unos hábitos, ya que eso le proporciona seguridad.
Ahora, también tiene que ir regulando sus propias emociones, y a su nivel sabe cómo hacerlo: ante algo amenazador, por ejemplo, retira la mirada, o se chupa el dedo, o se tranquiliza con sus juguetes o con el objeto con el que duerme… Los padres tienen que ser conscientes de que hay una edad, en torno a los 16 meses, en la que el niño ha de ir soportando cada vez mayores niveles de tensión. La ternura es fundamental, pero sin exigencia el cerebro no aprende.
Este contenido ha sido publicado originalmente por Crecer Feliz en la siguiente dirección: crecerfeliz.es
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