LA EDUCACIÓN EMOCIONAL EN EL DOCENTE

Begoña Ibarrola nació en Bilbao en 1954, aunque reside en Madrid desde hace muchos años.
Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid en 1977, ejerció como terapeuta infantil durante quince años y su trabajo ha estado siempre vinculado al mundo de las emociones. Hasta 1996 trabajó con niños y adolescentes con trastorno del desarrollo intelectual y problemas de conducta en diversos centros de la Comunidad de Madrid.

En aquel tiempo empezó a escribir cuentos con los que lograba captar la atención de pequeños y jóvenes, y se dedica desde entonces a la escritura, a la investigación y a la docencia. Lleva más de treinta años impartiendo cursos de formación al profesorado y a familias en diferentes instituciones y centros educativos, tanto públicos como privados.
Desde 1994 realiza cursos de Educación Emocional en varios Centros de Formación de Profesores dependientes del Ministerio de Educación, y desde el año 2000 es profesora del Master de Musicoterapia e la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.
A continuación compartimos con fines únicamente educativos la participación de la conocidísima autora de cuentos infantiles y psicóloga Begoña Ibarrola en la Ponencia del VII Congreso de Educación y Gestión. Esperemos que el siguiente material sea de ayuda a la comunidad docente.
Dirigir y educar con Inteligencia Emocional
Las características socio-económicas del siglo XXI (donde la tecnología constituye una base importante) obligan en forma insoslayable a las organizaciones a desarrollar un proceso educativo que procure el desarrollo integral de los recursos humanos. El desarrollo intelectual deberá compartir su importancia, en el proceso educativo, con otros aspectos de la persona como son el cuidado de su salud física y mental, su desarrollo emocional y el desarrollo de sus valores.
Todo esto se enfrenta con el fin de que la persona -y la organización como sistema formado por personas- pueda sobrevivir y crecer en un mundo cada vez más complejo y competitivo. Muchos centros educativos recogen en su ideario de forma expresa o tácita la importancia del desarrollo de la dimensión socio-emocional de los alumnos o hace referencia a su educación integral. Pero el reto consiste en encontrar la manera de traducir estas palabras en acciones concretas que desarrollen estos objetivos.

Si dentro de la misión educativa se encuentra reflejado el Interés por el desarrollo emocional del alumno es importante comprender que no basta con un contenido teórico, que por otra parte es también necesario, sino que debemos prepararnos para desarrollar actividades y cultura organizacional que promueva el crecimiento emocional de nuestros alumnos, de los docentes y de toda la comunidad educativa.
Uno de los requisitos para que el profesorado asuma la misión de desarrollar la I.E. de sus alumnos es que se comprometa a desarrollar su propia inteligencia emocional. Respecto al uso de la propia inteligencia emocional los educadores deberán ser capaces de:

Expresar adecuadamente sus sentimientos en la relación con los alumnos.
Utilizar la metodología de planificación en función de metas y de resolución de problemas.
Poner en práctica estrategias de automotivación.
Controlar sus estados de ánimo negativos y gestionar adecuadamente sus emociones.
Manifestar su empatía y capacidad de escucha.
Desarrollar conductas asertivas, manejando adecuadamente los conflictos que se produzcan en el aula.

Usted puede leer el artículo completo en el siguiente enlace: Dirigir y educar con Inteligencia Emocional

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