12 técnicas de enseñanza para mejorar la motivación del estudiante

“El aprendizaje real en la clase depende de la habilidad del profesor para mantener y mejorar la motivación que traían los estudiantes al comienzo del curso (Ericksen, 1978). Sea cual sea el nivel de motivación que traen los estudiantes, será cambiado, a mejor o a peor, por lo que ocurra en el aula”.
La mayor parte de los alumnos tienen años de experiencia en clases en las que se les ha obligado a estar sentados, callados, escuchando. Para ellos el profesor era la fuente del conocimiento, de manera que el aprendizaje era algo que se inyectaba mágicamente en algún momento sin la participación de su conciencia.

A continuación presentamos algunas técnicas de motivación. Se plantean con idea de que puedan utilizarse las que se consideren pertinentes.
Depende del contexto de las características de la asignatura, del curso, de los conocimientos previos, del tamaño del grupo, etc., la utilización de unas u otras, aunque algunas se consideran fundamentales para la motivación (al menos, así lo indican los estudios).

Si queremos construir algo, tenemos que saber primero en qué tipo de terreno nos apoyamos:
1. Empezar conociendo a los estudiantes y a su situación inicial.
Para poder empezar a darles los ladrillos será necesario primero conocerlos y saber de sus habilidades y fortalezas, para poder ofrecerles un tipo u otro de ladrillos.
Creo que todos hemos aprendido de nuestra experiencia que aquellos profesores que no ponían ningún interés en aprender los nombres de los alumnos no llegaban a conectar con ellos y no inspiraban el aprendizaje. Recuerdo que mis mejores profesores eran los que realizaban un esfuerzo extra para aprender los nombres de los alumnos de una manera rápida. No podemos decir que estamos preocupados por el aprendizaje de los alumnos si no les conocemos.
Realizar un esfuerzo en aprender de una manera rápida los nombres, aunque sea en un grupo amplio. Algunas pistas:

Aprovechemos un detalle curioso: los alumnos tienden a ocupar todos los días el mismo asiento que ocuparon el primer día o en una proximidad razonable. El primer día de clase, podemos aprovechar para pedirles que rellenen una ficha en la que indiquen, además de su nombre, el interés que tienen por la asignatura, qué creen que van a aprender, qué expectativas tienen ante la asignatura… y aprovechar parte de esta primera clase para que algunos de ellos lo expongan. Si guardamos las fichas de una manera ordenada por filas, y nos hacemos después un listado, lo podemos utilizar para futuras clases para hacer preguntas a los alumnos. Siempre se trata de que el alumno reconozca nuestro interés en conocerle.
Averiguar sus posibles miedos, debilidades o dificultades. Por ejemplo, decirles si es necesario haber cursado alguna otra asignatura antes de enfrentarse a ésta. Que nos digan qué han oído hablar de la asignatura.

2. Conocer sus métodos de aprendizaje.
Por medio, por ejemplo, del juego de Perry, se puede detectar el procedimiento más utilizado de aprendizaje. Consiste en que cada alumno elija, entre 53 afirmaciones relacionadas con la docencia, aquéllas con las que está de acuerdo (se puede utilizar para el primer día de clase, por ejemplo).
3. Que se note el entusiasmo con tu asignatura.
Si estás apático o aburrido, los estudiantes también lo estarán. Dicho entusiasmo viene muchas veces del gusto por la materia o por el genuino placer de enseñar. Se nota cuándo a un profesor le gusta enseñar.
4. Intentar individualizar la enseñanza en la medida de lo posible. Dedicar tiempo a cada estudiante.
Todos los estudiantes quieren satisfacer sus necesidades, y hay que recordar que cada alumno y cada clase son diferentes. Quieren profesores que sean reales, que les reconozcan como seres humanos, que les chequeen regularmente, que apoyen su aprendizaje, que les informen individualmente de su progreso.

5. Tratar a los estudiantes con respeto y confianza.
Los comentarios a los estudiantes pueden hacerse, pero nunca de forma peyorativa. Nunca ridiculizar a un estudiante en público. En ese caso, el alumno, en vez de orientar su energía al aprendizaje, la dedicará a sus sentimientos. Mejor decir las cosas en privado. Si el alumno hace una cosa bien, felicitarle; le dará confianza (en la materia y en el profesor). Démosle al estudiante su dignidad y él nos recompensará con su esfuerzo.
Si detectamos una debilidad en el estudiante, dejarle claro que tus comentarios se refieren a un trabajo determinado determinado, pero no al estudiante como persona. Apoyarle al alumno, en vez de juzgarle.
6. Mantener altas expectativas de los estudiantes.
Si a un alumno le dices que no va a aprobar, se desmotivará. Si les animas diciendo que pueden hacerlo y se le comenta qué herramientas debe utilizar (tiempo de estudio, realización de problemas, trabajos…) sentirá que el profesor tiene confianza en él.
Preguntarles qué pensarían si supieran que su médico, dentista, asesor financiero, etc. justo ha sacado aprobados en la carrera. Animarles no sólo a aprobar, sino a aprender.
7. Señalar la importancia de la asignatura.
Explicar en detalle por qué la materia es importante. Señalar ejemplos de su utilidad en su vida profesional. Realizar problemas prácticos de aplicación. Todo esto desde el primer día
hasta el último, pero siendo realista, analizándolo en el contexto de la titulación.
8. Variar los métodos de enseñanza. Que valga la pena ir a clase.
No vale la pena ir a una clase en la que el profesor se limita a seguir al pie de la letra unos apuntes o un texto, simplemente leyéndolo. Se trata de evitar el aburrimiento, la rutina. Que cada clase sea una aventura nueva. Estamos acostumbrados a las clases magistrales en las que los alumnos son meros oyentes. Pero el estudiante aprende haciendo, construyendo, diseñando, creando, resolviendo, el aprendizaje mejora si se obliga al alumno a utilizar varios sentidos. La pasividad de las clases magistrales amotigua la motivación y la curiosidad de los estudiantes.
Que los estudiantes sepan qué se va a tratar en la siguiente sesión, pero sin saber cómo.
La manera en que un estudiante aprende no depende sólo de su inteligencia o de su educación anterior, sino de su estilo preferido de aprendizaje. Hay que preguntar a los alumnos cómo aprenden mejor.
Tipos de aprendizaje fundamentales:

Visual: aprenden mejor viendo y leyendo lo que estás tratando de enseñar.
Auditivo: aprenden mejor escuchando.
Táctil y psicomotor: aprenden mejor haciendo.

Herramientas que se pueden utilizar:

Clase magistral
Clase magistral con discusión.
Panel de expertos.
Brainstorming (lluvia de ideas).
Videos.
Discusión en clase.
Discusión en pequeños grupos.
Análisis de casos.
Role-playing.
Ejercicios-problemas de análisis.
Problemas de diseño-problemas complejos abiertos.
Simulaciones
Prácticas de laboratorio, visitas a empresas.

Por qué introducir el trabajo en grupo: los estudiantes aprenden mejor cuando reflexionan, dialogan , preguntan, escriben, resumen y crean su propio conocimiento. Modos de introducir el trabajo en grupo: parejas, PBL, estudio de casos, juegos, simulaciones. El PBL es una técnica en la que se le da un problema al estudiante antes de estudiar los conocimientos necesarios para resolverlo.
Otras técnicas:

Dejar partes en blanco en las transparencias en zonas críticas, en las que los alumnos tengan que pensar. No dar los temas completos.
Incluir de vez en cuando diapositivas graciosas, humorísticas….

9. Implicar, si es posible, al estudiante en la elección de algún tema a estudiar.
Esto puede hacerse más fácilmente en las asignaturas optativas.
10. Fomentar la participación activa de los estudiantes. Hacer preguntas.
Ello aumenta su interés y aprendizaje. Moverse alrededor de la clase para fomentar la discusión. Cuando un estudiante hace una pregunta, alejarse de él; así tiene que hablar a toda la clase y coge el protagonismo. Incluso en grupo grande se pueden realizar preguntas.
Pero, un detalle: como profesores, tendemos a hacer preguntas dentro de la categoría del conocimiento en un 80 o 90% de las veces. Estas cuestiones no son malas, pero sí lo es
utilizarlas todo el tiempo. Sería interesante utilizar diversos tipos de preguntas. Aquí están los 6 tipos de preguntas definidos por Bloom (1956):

De conocimiento: recordar, memorizar, recogida de información (qué, quién, cuando cómo, dónde, describir).
De comprensión: interpretar, describir con sus propias palabras, organización y selección de hechos e ideas.
De aplicación: resolución de problemas, poner un ejemplo de …., decir cómo está relacionado con….., ¿por qué es importante…?
De análisis: identificar motivos, separación de un todo en sus partes componentes, clasificar de acuerdo con…, comparar/contrastar con….
De síntesis: crear un producto único, original, bien de forma verbal o un objeto físico. Combinación de ideas para formar una nueva totalidad. ¿Qué ideas puedes añadir? ¿Cómo crearías/diseñarías un nuevo…?¿Qué podría ocurrir si combinas…? ¿Qué solución sugerirías para…?
De evaluación: Hacer juicios de valor sobre asuntos. Desarrollo de opiniones. ¿Estás de acuerdo con…? ¿Qué piensas sobre…? ¿Qué es lo más importante de …? Colocar en orden de prioridad. ¿Qué criterios usarías para evaluar/valorar…?

Un ejemplo de pregunta de evaluación: El juego espacial de la NASA.
El módulo lunar ha hecho un alunizaje forzoso en la luna. Y tiene usted que volver a la nave espacial que se encuentra a 300 km de distancia del lado iluminado de la Luna. El alunizaje ha averiado totalmente el módulo lunar. La única posibilidad de salvación para su tripulación está en poder llegar a la nave espacial. Del equipo instrumental, sólo 15 aparatos han resultado no dañados. La tarea consiste en ordenar por orden de importancia los objetos siguientes, primero de una manera individual y después en equipos de unas seis personas. Posteriormente se les entrega la respuesta dada por los técnicos de la NASA:
Cerillas – Alimentos concentrados – 25 metros de soga de nylon – seda de paracaídas– aparato portátil de calefacción – dos pistolas del 45 – leche en polvo – dos tanques de oxígeno – un atlas del cielo – una canoa autoinflable de salvamento – la brújula – 5 bidones de agua – cohetes de señales – botiquín de urgencia con jeringuillas– receptor/emisor de ultracorta alimentado por energía solar.
Otra idea: utilizar la máxima: “la mejor manera de aprender algo es enseñándoselo a los demás”: que los alumnos preparen alguna presentación, lo cual puede ser factible para cursos superiores a primero.
11. Responder claramente a sus preguntas.
Qué se puede hacer cuando un alumno realiza una pregunta? Posibilidades: repetir la pregunta, contestarla, redirigirla, promover una discusión entre los estudiantes.
12. Señalar qué contenidos deben ser aprendidos de memoria, y cuáles están basados en la lógica.
Decirles también qué deben hacer para sacar adelante la asignatura.
En el siguiente enlace encontrará 36 técnicas de enseñanza y motivación para los estudiantes.
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Docente: cinco actitudes para ser más empáticos

En el camino por ser un mejor profesor, desarrollar la empatía es vital para alcanzar una completa comprensión de los estudiantes.
Dentro del aula se reúnen distintas personas, y por ello distintas voluntades. Algunos quieren aprender por iniciativa propia, pensando en tener un mejor futuro; mientras otros solo asisten a clase obligados por sus padres. En ese grupo de gente con distintos objetivos, problemas, preconceptos y pensamientos, el profesor es quien debe liderar el camino hacia el aprendizaje.

Para poder actuar como líder de sus estudiantes, el primer paso es intentar comprenderlos. La empatía resultará clave para alcanzar esta comprensión, por lo que es importante que todo profesor pueda alcanzar este sentimiento y utilizarlo como forma de canalizar las diferentes voluntades que se encuentran en el salón hacia las lecciones que este debe transmitir.
En esta oportunidad preparamos un video y publicado en la plataforma de YouTube donde explicamos las actitudes que debe tener un profesor para ser más empático y tener éxito.
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VIDEO DE WEB DEL MAESTRO CMF
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