[ERNESTO GONZÁLEZ] ¿BLANCO O NEGRO?, ¿O GRIS?

El primer interrogante del artículo, nos conduce a posibles incertidumbres: ¿es una decisión a tomar?, ¿debo decir la verdad y solo la verdad?, ¿no hay otras opciones?
También pude haber nombrado lo que hoy leerán como ¿derecha o izquierda?, lo cual conlleva al análisis del rol del docente ante la problemática de lo que sucede en nuestros países en temas sociales, económicos y políticos y que perfectamente permea a los jóvenes – los cuales leen poco en cuanto a medios impresos, pero si “bombardeados” por las redes sociales – a lo que se suma lo que comentan los padres en sus opiniones en casa y el hijo/a – estudiante, “escucha” , aunque no necesariamente esté atento a los temas y si fuese el caso pregunta, donde de igual modo podrá recibir una respuesta de “blanco y/o negro”.

En una ocasión unos estudiantes – en la evaluación del desempeño de un docente muy profesional, culto, ducho e inclusive historiador a nivel nacional, y recientemente con grado académico de Doctorado.-; reflejaban por escrito la partidización de su profesor en las clases (de antropología perteneciente al área de estudios generales), a modo de queja, lo cual me inducía a reflexionar ¿qué había sucedido, cuándo en las clases observadas las mismas eran magistrales?, inclusive en el desarrollo de las mismas (estudiantes de 1er año de la carrera, cuya edad promedio oscila entre 16 – 17 años) apreciaba que algunos de ellos/as (minoría) no prestaban la atención necesaria lo que me permitía valorar ¡qué lástima!, no saben lo que están dejando de aprender y comprender, para aplicarlo al ser la Antropología la “Ciencia que estudia los aspectos físicos y las manifestaciones sociales y culturales de las comunidades humanas”, y que les permitiera opinar dentro y fuera de la clase objetivamente en su conversación con sus compañeros de estudio, padres, familiares, demostrando conocimiento y madurez, como parte de una cultura general.

Estoy claro que todos los que impartimos clases, no solo compartimos nuestros conocimientos “puros”, es decir dentro de la didáctica de la clase, ésta asociarla a situaciones reales que ocurren cada día cualquiera sea la naturaleza de la asignatura, lo cual es refrescante, atractivo al estudiante, ¡que opine!, pero lo más importante paralelo a todo ello es que transmitimos valores como son: el respeto a los demás y a sí mismo, honestidad, tolerancia, responsabilidad, transparencia, sinceridad y otros.
Todo lo anterior conduce a que deben evitarse (no solo en clase, diría que siempre en nuestras sociedades) los extremos, ni derecha o izquierda, ni blanco o negro y mejor gris, ¿gris? Si bien este color (existen 65 tonos de gris) es el color que más se relaciona con el aburrimiento, lo anticuado, lo insípido, la crueldad y también con la tristeza, pero también es considerado el color de la reflexión y de la teoría (entiéndase que en nuestro cerebro tenemos “materia gris”), asimismo, la ciencia y la objetividad.
No me queda duda que cada docente puede tener sus propios ideales (metas, objetivos, intereses), principios, ideología (conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, una colectividad o una época), y que han de respetarse como ya hemos mencionado, como valor (insisto en el campo social, económico y político), pero inclinar “la balanza del fiel hacia un solo lado”, al menos para mí – como docente – no es pertinente. ¿Lo adecuado? Que sean los propios jóvenes los que analicen la problemática, investiguen, se documenten de todas las partes, lean con profundidad. ¡Enseñémosle, a los que nos corresponde, emplear adecuadamente el gris!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico: eglezvaldes@gmail.com
Cuenta de twitter: @gonzlez_ernesto

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[ERNESTO GONZÁLEZ] ¿ME CORRERÁN DEL TRABAJO?

¿Cuándo surge el temor, dada la interrogante del título del presente artículo, en la persona? Posiblemente donde no hay o no existe una cultura de evaluación, dónde no se manejan que le evaluarán – no solo a las personas- a las instituciones, empresas mismas cuyo resultado final a la larga depende de las propias personas.

¿Evaluar? Uno de sus significados: “Valorar conocimientos, actitud o rendimiento de una persona o de un servicio” verbo cuya etimología se remonta al francés évaluer.
Este acto, como resultado de la evaluación conlleva a la emisión de un juicio en torno a un conjunto de información durante un tiempo determinado (trimestre, semestre, anual), a partir del cual debe tomarse una decisión de acuerdo a los resultados que presente la persona evaluada.
¿Qué se evaluará? El desempeño de la misma, entiéndase juzgar o estimar el valor, la excelencia y las competencias de la persona, pero, sobre todo, la aportación que brinda a su centro de trabajo. ¿Qué debe lograrse con ello? El mejoramiento continuo del evaluado o evaluada y dependiendo de la naturaleza de la empresa por ejemplo en el caso de una institución educativa, se beneficiarán sus estudiantes, el colectivo de profesores/as, proporcionándole además a la propia institución, prestigio.

Si bien se plantean varios métodos o herramientas, para evaluar el desempeño de las personas, tales como: 360 grados, Manejo por objetivos, Escala de calificación, Escala gráfica, Lista de control e Incidente crítico, de forma general deberán medir:

– conocimiento del trabajo.
– calidad del trabajo.
– relaciones con las personas.
– estabilidad emotiva.
– capacidad de síntesis.
– capacidad analítica.
– Las cualidades del sujeto (personalidad y comportamiento).
– Contribución del sujeto al objetivo o trabajo encomendado.
– Potencial de desarrollo.
 

Evaluación que al fin y al cabo tiene aspectos objetivos y subjetivo del o de los evaluadores, que en la medida que se acerque a la realidad del evaluado, el beneficio para todos será mejor.
La problemática de la evaluación del desempeño o su vulnerabilidad, dependerá de muchos factores que pueden permear o debilitar a la propia institución, por ejemplo:

Cuando no existe correspondencia entre el resultado de la evaluación y el impacto de la misma en el evaluado- Es el caso de que una persona evaluada en un período determinado con grado satisfactorio y que sea despedida posterior a la evaluación; o que en uno de los instrumentos se plantee como uno de los indicadores, promover a un cargo superior (como recomendación) y esa posibilidad no se cumpla al no tener la empresa una real disponibilidad para el cambio.
Que los evaluados conozcan que ya concluyó el proceso de evaluación y jamás conozcan sus resultados.
Que en el proceso de evaluación no se analice con el evaluado sus resultados de forma presencial, con transparencia y objetividad.
Que las herramientas creadas para la evaluación (ejemplo: la de 360 grados, donde intervienen diferentes actores, que para una institución educativa serían estudiantes, autoridades, los pares – entiéndase otros docentes que pertenecen al mismo colectivo de la disciplina- y la autoevaluación del evaluado), sean de dominio previo.
Que los instrumentos para evaluar no sean utilizados como un arma para dañar o perjudicar al evaluado, aspecto que tendrá que tener en cuenta el evaluador en el análisis de los resultados.
Que el evaluado no tenga conocimientos de un plan de mejora para una próxima etapa, y que esté de acuerdo con éste.

Para concluir y no escapa como error de omitirse, que también las autoridades deben de ser evaluadas por sus subalternos, pares y personal de la empresa, ya que solo una adecuada retroalimentación hará que la empresa mejore sustancial y positivamente. Por cierto, ¿estuvo usted de acuerdo con su última evaluación?

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] CONVERSEMOS UN RATO (LIBRO DIGITAL GRATUITO PDF)

“Conversemos un rato”, tiene como propósito lograr en el público fundamentalmente reflexiones de los hechos o temas que se abordan, que se mueven en el campo de la educación, en lo social, ideas que se plasman a partir de experiencias personales a lo largo de más de 40 años, en diferentes centros educativos de la enseñanza media y superior, ministerios o secretarías de educación, organizaciones no gubernamentales, en proyectos de la Comunidad Europea y Centroamericanos.

Por último, y no menos importante corresponden a los sitios que lo respaldan Web del maestro CMF y El Siglo 21 reconocido periódico digital guatemalteco, a los cuales agradezco la oportunidad de sacar a la luz este proyecto.
Espero que sea de su agrado ¡Conversemos un rato!, muchas gracias.

NOTA DE REDACCIÓN:
Agradecemos al Licenciado Ernesto González, su vehemencia educativa que se trasluce en cada artículo que escribe y que comunica el cariño por una vocación única y trascendente, como es la de todos los educadores. Sus mensajes van en la línea de animarnos a consolidar “a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma. [que] Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común” (GE1).
MATERIAL DE DESCARGA:
¡Comparte y así más docentes utilizarán estos recursos gratis! Muchas gracias.
DESCARGA: CONVERSEMOS UN RATO (LIBRO DIGITAL GRATUITO PDF)

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] EL LADO AMABLE DE LA VIDA

En preparación – revisión y actualización – de unos de mis libros de Ciencias Naturales para el próximo año, donde una de las unidades o temas corresponde a los sistemas orgánicos de los humanos donde destacaré tres vinculados a lo que hoy le darán lectura: El sistema óseo – muscular (son dos sistemas realmente el esquelético y el muscular, pero por su actuar de forma conjunta y complementaria con el movimiento, suele nombrarse de ese modo) y el sistema nervioso.

Un día tradicional personal, resulta al levantarme bien temprano – cuando el gallo canta – asearme, ir tras una taza de café, (que hoy en día al bebedor consuetudinario le atribuyen de menos probabilidades de desarrollar Alzheimer, es neuroprotector y preventivo de la demencia, reduce el riesgo de sufrir diabetes tipo II) enviando la primera señal a mi cerebro a través de un mar de neuronas (sistema nervioso), paso a leer las noticias digitales de varios periódicos nacionales e internacionales analizando temas en los ámbitos políticos, económicos, culturales y otros.
Desayuno, que a la par de este evento tradicional y necesario (donde se comenta que debe ser el mejor de las tres ingestiones diarias), comparto aspectos leídos, pendientes por solucionar o previstos por hacer e inclusive reír mañaneramente por cualquier anécdota plasmada en las redes sociales.
¿Reír? Cuando lo haces entra en funcionamiento el sistema muscular y directamente seis pares de músculos: el músculo elevador del ángulo de la boca, el músculo elevador del labio superior, el orbicular de los ojos, el risorio, el cigomático mayor y el cigomático menor (nota: en el caso del orbicular, su contracción alza las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos).
¿Por qué siento que sonreír me hace bien? En lo personal me genera un olvido al menos de las posibles preocupaciones, separándolas a un lado en el instante mismo del fenómeno que me motivo mostrar mi dentadura o alzar mi voz a través de una carcajada que si fuese en un local donde hay otras personas, tienden a mirarte con expresiones de llamados de atención.

En dirección a alguna gestión, trasladándome de un lugar a otro, ocasionalmente aprecio personas que no cumplen con las normas establecidas por el código del tránsito (se detienen de improvisto sin poner con la antelación necesaria las luces de parqueo; en una calle de dos direcciones contrarias se detienen un vehículo en cada carril, para conversar y platicar, deteniendo el tráfico sin pensar en el resto de los conductores, personas que transitan dándoles las espaldas a los vehículos, o que existiendo aceras no las usan) generándome tal vez la anti-sonrisa y por ende los movimientos inversos de los músculos, reflexionando al respecto…”cuánto nos falta por mejorar en la disciplina vehicular, velar por el cumplimiento de las leyes, cuánto debemos seguir los docentes reforzando el conversar con los jóvenes estas situaciones, que no necesariamente se encuentran en un programa de una asignatura”
Hacer un alto en la clase, y conversar previo al inicio de la misma, no constituye ningún pecado, al contrario. ¿Por qué no comenzar una clase? – cualquiera fuese su naturaleza (ciencias naturales, sociales, otras) – con las interrogantes siguientes: ¿Jóvenes, algún hecho, anécdota  que ayer o el fin de semana los hizo sonreír?  La primera respuesta deberá ser el silencio, al romper el impasse de la esperaba revisión de las actividades no presenciales orientadas en la clase anterior, las manos se alzarán con timidez y comenzarán las experiencias de unos y otros. Con ello logrará algo tan importante y necesario que es arrancar sonrisas y que al menos en ese breve momento los sistemas involucrados funcionen a la perfección: el cerebro al percibir los músculos del rostro en forma de sonrisa, los interpreta como una señal de que estamos contentos, independientemente de la causa, y se sintoniza con estados de ánimo positivos, sin importar las incipientes arrugas. Trate de ver siempre, el lado amable de la vida, se los recomiendo.

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] LA MATEMÁTICA, ¿UN HORROR?

¿Sabías qué? las matemáticas organizan el mundo que nos rodea y están presentes en la mayoría de actividades cotidianas: desde servir una taza de café, ir a comprar algunas libras de frijoles, recorrer la distancia diaria hasta la escuela o poner la mesa para seis comensales.
Nuestro hogar, el jardín o la terraza, la calle, el vecindario, el parque son espacios factibles de ser investigados, analizados, descritos, observados desde una óptica matemática. Depende de nosotros como padres y madres que seamos más o menos sensibles a plantear preguntas que conduzcan a nuestros hijos de manera que miren a su alrededor de otro modo.

Para ello necesitaremos darnos cuenta de que las matemáticas surgen de la experimentación con objetos reales y que debe ser a través de ellos que nuestros hijos hagan muchos de los descubrimientos que le llevarán a una comprensión más profunda del medio en el que vive, a la vez que le permitirá descubrir las matemáticas como lo que son: una herramienta imprescindible en la vida de todas las culturas.
Si bien los mayores curiosos son nuestros hijos e hijas (patojos) los cuales observan las formas de los objetos, aprecia las texturas con su boca, descubre cómo hay objetos que se desplazan rodando o saltando o rompiéndose en mil pedazos. Su curiosidad no tiene límites. Su necesidad de conocer, de descubrir, de interpretar el mágico y fascinante mundo en el que vive, le lleva a probar, errar y repetir, de forma incansable. Y esos son los requisitos previos de todo científico en ciernes. ¿Cuándo empieza el problema entonces, con la matemática? Cuando ellos y ellas se enfrentan al aprendizaje abstracto (¿abstracto?: algo no concreto, que no tiene realidad propia), por ejemplo: Los números separados de las cantidades, cuando usted menciona el número 5, surge la interrogante ¿5 qué? Si le adiciona al 5, la palabra metros, ya su mente hace una relación de una unidad de medida: el metro.

¿Por qué – aunque no conozcamos al detalle los artificios de las matemáticas – plantearles a nuestros hijos, ejercicios que “suavicen” la comprensión de esta ciencia? Por ejemplo: Al preparar la mesa para la cena, siendo el núcleo familiar de 4 personas, ¿cuántas cucharas, tenedores, vasos, servilletas, platos se necesitarían? ¿Qué cantidad de objetos se requirieron al final?
¿Un ejemplo posiblemente más difícil? Adquiera una pizza y permita que su hijo calcule primero los pedazos que se necesitarán y que haga un cálculo de cómo deberá dividir la misma para la repartición sea igual entre los comensales participantes, recibiendo su parte proporcional. ¿Qué parte de la matemática aplicó? ¡El uso de las fracciones!
Y como los ejemplos anteriores, ¡hay cientos!, Lo cual demuestra que, de pensar un poquito, donde poner en práctica nuestra propia vida diaria, en función de los números, lograremos que nuestros hijos e hijas, estudiantes experimenten vivencialmente esta asignatura que, en el caso de no ser comprendida, puede dar problemas a lo largo de toda la escolarización, resultando además frustrante para padres e hijos. La vida diaria nos ofrece constantemente oportunidades de aprendizaje e investigación que, convenientemente aprovechadas, crearán en nuestro hogar y nuestra familia un ambiente de descubrimiento que favorecerá de manera directa e indirecta la escolarización de nuestros hijos. ¿Se le ocurre algo de qué ejemplo ponerles a sus hijos/as nietos/as al llegar a casa? ¡Piénselo!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] ¿INQUIETO O HIPERACTIVO?

No deja de moverse en la silla, tarda una eternidad en hacer los deberes, se distrae por tonterías, he de estar constantemente a su lado, he de repetir la misma orden cinco veces para que obedezca (si es que obedece) … ¿te suenan estas quejas? La mayoría de padres y madres las hemos sufrido en nuestra piel más de una vez y, sin embargo, no todos nosotros consideramos a nuestros hijos hiperactivos.
¿Qué tiene mi hijo realmente de hiperactivo? ¿Puede ser que sencillamente sea un niño inquieto y curioso? ¿Es posible que yo no sepa adaptarme a su ritmo de aprendizaje y por eso su conducta sea tan nerviosa? La hiperactividad es una palabra muy seria que no debe pronunciarse con frivolidad: ¡los niños muy movidos pueden no ser hiperactivos!

La proliferación excesiva de niños ”llamados” hiperactivos ha puesto de actualidad una preocupación importante de padres y educadores sobre este tema, de tal manera que un trastorno como es la hiperactividad se ha socializado y se ha convertido en un tema de fácil valoración. ¿Por qué se preguntará? Cada vez tendemos a soportar menos la conducta irregular.
Más que definir una entidad clínica, cuando a veces hablamos de que un niño es hiperactivo hablamos de nuestro estado anímico personal, de lo que nos cuesta soportar al hijo inquieto que llama constantemente la atención o al alumno que nos obliga a dedicarle más tiempo. Los padres en general no estamos preparados para contener un hijo inquieto. Los horarios laborales, lo poco tolerante a la conducta desobediente fomenta en muchos casos una ruptura emotiva de las relaciones padres-hijos, creando un círculo vicioso de nervios e irritación que refuerza precisamente las conductas que queremos evitar.

¿Y en la escuela? No siempre la escuela responde a las necesidades educativas y de crecimiento de los alumnos, por ejemplo, aulas donde la cantidad de alumnos es excesiva, a lo anterior se suma la no adecuada importancia a la vivencia, experimentación y tiempo de descubrimiento donde el alumno sea el objetivo y no los contenidos. ¿Qué comportamiento adquieren los estudiantes? Se cansan, se aburren y una forma de manifestarlo sobre todo en edades tempranas (hasta los 8 años) es moverse, distraerse y llamar la atención.
Ser inquieto es una situación muy corriente que solo nos dice que existe un exceso de movimiento, diferente del fenómeno hiperactivo, que es una entidad clínica, un trastorno grave, con múltiples repercusiones en todos los ámbitos donde se mueve el niño. Hay quienes equivocadamente recurren para tratar de contrarrestar esa superactividad a medicamentos, tras la visita a especialistas de la salud, donde dan “su versión” del niño hiperactivo y no de simplemente ser una persona inquieta, cuando realmente el problema proviene o está en la propia casa, y se refuerza tal vez en la escuela. Medicar posiblemente no sea la solución adecuada, peor cuando sin conocimientos sólidos ni especializados, pues simplemente los padres automedicamos. Quizás deberíamos reflexionar más sobre las dificultades para educar en el día a día, la falta de pautas claras en la educación familiar, la pérdida de valores en la formación académica antes que proyectar sobre los niños nuestro propio cansancio o ignorancia. ¿Conoce a alguien con esta problemática? Le agradecería que entonces que compartiese este artículo. ¡Y muy amable de su parte!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] EL NIÑO ES ESO. SIMPLEMENTE UN NIÑO

Los adultos no podremos comprender al niño o la niña si no somos capaces de colocarnos desde su punto de vista interior para ver las cosas como él nos ve. Solo con un grado elevado de empatía, le comprendemos y aceptamos incondicionalmente.
El niño o niña dispone de naturaleza sociable, está concebido para la convivencia, es capaz de asumir su responsabilidad como miembro de la sociedad y capaz de aportar a ésta su originalidad, que no debe confundirse con egoísmos caprichosos. Partiendo de esta base, y sabiendo que cuando nace el niño o la niña desconoce las normas y pautas de comportamiento de su grupo social, los padres, las madres y los educadores debemos ser facilitadores de experiencias y relaciones que estimulen su progresiva madurez social.

Si educamos al niño o la niña para la vida en sociedad, debemos reflexionar sobre el tipo de sociedad en la que va a desenvolverse, sus normas, pautas y valores, además de las pequeñas sutilezas implícitas en las relaciones positivas. Determinando esta sociedad, sabremos el tipo de hombre o mujer que debemos promover y potenciar, pero siempre respetando su individualidad. No podemos imponer a los niños y niñas las pautas de comportamiento de los adultos, pretendiendo que actúen como “hombres y mujeres con tamaño reducido”.
La autoridad y la firmeza son necesarias para promover valores y capacidades. Es la actitud que facilita la interiorización de normas de conducta. La autoridad bien ejercida tiene el objetivo de alcanzar la progresiva madurez y responsabilidad de los niños y niñas. La autoridad no debe confundirse con el autoritarismo que reprime la iniciativa, impide el desarrollo de los recursos internos y convierte al niño o la niña en conformista que acata los criterios de los demás o en continuo rebelde.

En el hogar hay que mantener la disciplina. Aunque este valor está desprestigiado, es imprescindible para establecer y conservar el orden, adaptando la conducta de los niños y niñas a las normas y restricciones que impone la convivencia en sociedad. Los padres, las madres podemos y debemos fomentar la autoestima elevada en nuestros niños y niñas. Con intuición y habilidad de empatizar comprenderemos sinceramente, desde su mundo interior, los sentimientos y las emociones, cuidando de no lesionar la opinión que sobre sí mismos comienzan a forjar.
Esta pequeña muestra de actitudes puede resumirse en el deseo de crear un clima afectivo y de seguridad para los niños y niñas. Esto sólo puede conseguirse cuando sentimos valoración y sincero aprecio por los niños y niñas simplemente porque existen, porque cada uno es un ser especial al que queremos, con independencia de que aprobemos o no lo que hace. Si conseguimos que cada niño o niña se sienta apreciado por ser como es, no por cómo nos gustaría que fuese, si valoramos la cantidad y calidad de tiempo que les dedicamos en exclusiva con atención concentrada y abierta a sus cualidades individuales, entonces estaremos formando hombres y mujeres libres y responsables. Sobre todo, cuando el niño o la niña sienten que le decimos “me interesas y te quiero”. Por casualidad, ¿es usted de las personas que dedica el tiempo necesario a sus hijos?

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
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[ERNESTO GONZÁLEZ] LA AUTOESTIMA Y LA SEGURIDAD EN SÍ MISMO

No hay nada como al despertar – seguido por una taza de café – o tras al regreso del trabajo o en un momento de descanso darle lectura a temas que nos haga reflexionar y posiblemente revisarnos a nosotros mismos o compartir con la familia, amigos, hijos, la importancia de los valores. ¿Comenzamos?

Todo niño o niña normal nace con el potencial necesario para alcanzar la salud mental, siendo indispensable para lograr este objetivo el poseer una autoestima elevada, que se fundamenta en el derecho del niño o niña de ser digno de amor y que importa por el hecho de existir, sintiendo que se valora y respeta su individualidad.
El niño o la niña poseen cualidades y recursos internos suficientes para gustarse a sí mismo. Desde muy pequeño aprende a percibir el cómo le ven las personas que le rodean. Su imagen la construye en función del lenguaje verbal y corporal, de las actitudes y los juicios que sobre él emiten las personas que considera importantes.
¿Alta o baja autoestima? Evidentemente las cualidades de una u otra deberán ser antagónicas: La autoestima alta surge de las experiencias positivas, produce en los niños y niñas seguridad, propia aceptación y la confianza suficiente para poder realizarse en todas las áreas de la vida, Las expectativas sobre sí mismos serán apropiadas, alcanzando en el futuro la estabilidad emocional; por el contrario la autoestima baja da lugar a la inseguridad, una escasa resistencia a la frustración, un bajo sentido de quien es y provoca ansiedad. El niño o la niña se sienten inepto y carece de motivación para relacionarse de forma positiva o comenzar nuevos aprendizajes. Suele ser una de las principales causas de las conductas desadaptadas en la infancia ya que cuando el niño o la niña tiene un concepto negativo de sí mismo, cree ser “malo” y adecua sus comportamientos a ese juicio.

¿Qué hacer nosotros los padres y madres en este sentido? Él y ella deberán considerarse aceptados y amados incondicionalmente. No basta con que les demos todo nuestro amor, debemos asegurarnos que ellos lo sientan y experimenten. Tendrán que percibir que se respeta y acepta su individualidad. Aceptar al niño o la niña significa sobre todo no confundiendo el valor de su existencia con el de su comportamiento, tendrá que sentirse valioso, útil y capaz, vinculado a los grupos que pertenece (familia, clase, etc.) y recibir de éstos seguridad y confianza; interiorizando formas de conducta positivas; debe desarrollar seguridad interior para afrontar con éxito las dificultades que se le presenten.
Para ello se le pedirá que concluya las tareas que comience, se le asignarán responsabilidades en función de su edad y capacidad, no se hará nunca por el niño o la niña aquello que sea capaz de hacer solo, se le ayudará a aceptar las consecuencias de sus acciones y a medir sus posibilidades antes de comenzar una actividad; otra forma de lograr elevar su autoestima, será a través de su confirmación como individuo donde cada niño o niña es único e irrepetible y necesita sentirse distinto a los demás. Finalmente, deberá adquirir pautas de conducta y una escala de valores personales que le sirvan de referencia para que su forma de pensar y actuar adquiera coherencia, para que aprenda a distinguir el bien del mal. Los padres, las madres y posteriormente los educadores, serán las personas cuya estima y aprobación buscarán con más esfuerzo, ya que posiblemente serán los modelos que intenten imitar. ¿Ha valorado usted, si sus hijos son de alta o baja autoestima?

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
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[ERNESTO GONZALEZ] ¡AH, LA PACIENCIA!

Hija, ¡apuráte que se te va el bus! Una y otra vez… y nada. Sin embargo en el momento exacto, en el tiempo justo, sale y como una carrera de relevo llegando a la esquina de la casa, aparece el transporte amarillo (quién sabe por qué de ese color) abre la puerta, entra ella, cierra la puerta y una mano que se despide, con una sonrisa ¿de burla?, ¿de cariño? Nadie sabe, ya que la escena se repite uno y otro día, excepto cuando va a una fiesta con sus amigas, se alista en un dos por tres (exagerado se demoras más, mujer al fin y al cabo)  más aprisa de lo normal y… se va a la fiesta.

¿Pudiéramos pensar que la actual juventud es así? No lo creo, aunque posiblemente me haya tocado la excepción, como relataba en el primer párrafo, pero a veces la paciencia (o impaciencia) viene derivada por tomar las cosas al “suave”. En muchas ocasiones, reiteradas, vemos actividades públicas, privadas que comienzan tranquilamente una o dos horas después y obviamente ¿quién puede mantener paciencia, ante la pérdida increíble de tiempo?, enfatizado por la frase: “El tiempo es oro”, atribuida a Edward George Bulwer-Lytton,  sumándole a ésta, la señalada por Benjamín Franklin: “si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”.
La problemática se centrará, en ¿“acostumbrarnos a esperar”?, ¿en convertirse en una cultura?, ¿en no transmitir a nuestros hijos el valor de ser pacientes, pero también puntuales?, ¿en exigirse a sí mismo y al resto de las personas de su entorno? Es cierto que debemos tomar las cosas con calma (ojo con el infarto), pero una persona responsable, debe cumplir en tiempo y forma con lo acordado, con sus compromisos: estudios, realización de las tareas en casa, cumplir con los deberes del hogar. Pero también el factor paciencia va estrechamente ligado a no confundir una actitud pacífica y tolerante con la pasividad, la sumisión y el temor.

Una calificación incorrecta ante una evaluación realizada y otorgada por un docente, debe ser reclamada de forma correcta, sin tener temor a su solicitud, siempre que sea de la forma más respetuosa. ¿Cómo lograr el ser lo debidamente paciente, sin caer en el extremo de ser irresponsables e incumplir? Se requiere de un serio trabajo personal dirigido a balancear nuestras emociones y a relajar y soltar las tensiones y el estrés que nos producen las ocupaciones de la vida diaria, por ejemplo: considerar todos los aspectos involucrados, preguntarte qué puedes hacer para cambiarla, si la respuesta es positiva o hacer lo necesario para mejorarla; y si es negativa, trabajar la aceptación para que no te desequilibre.
En ocasiones esperamos más de lo que los demás nos pueden dar, lo que nos hace correr el riesgo de dañar nuestras relaciones con ellos. Otras veces nos exigimos demasiado. ¿Fórmula? Ser paciente y tomar el tiempo para descansar y recuperar la energía y la claridad que necesitamos. Sólo una persona madura emocionalmente, consciente y equilibrada puede hacer uso de una actitud paciente en el momento en que lo considere necesario. ¡Cuánta paciencia debemos tener los padres!

Autor: Ernesto Gonzalez , ciudadano nicaragüense, nacido en Cuba.
Experiencia laboral: Lic. en Ciencias Pedagógicas con mención en química. 40 años de experiencia como docente en los niveles de educación media y superior; cursos de posgrado propios de la especialidad y en pedagogía; autor de libros de texto para la enseñanza media tanto en ciencias naturales, como sociales. Articulista para los periódicos La Prensa, El Nuevo Diario (nicaragüenses 2000-2008), actualmente para el periódico El Siglo 21 guatemalteco.
Correo electrónico: eglezvaldes@gmail.com
Cuenta de twitter: @gonzlez_ernesto

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